Las Tradiciones y costumbres peruanas son muy variadas y muy creativas. Cada región se distingue por su costumbres ademas de pequeñas creencias que el tiempo ha ido forjando y se han pasado solo con palabras.de generacion en generación (Craneos guardianes de casas, Escobas puestas de cabeza para que las visitas se vayan rápido, etc).

A pesar de los muchos siglos de imposición cultural occidental, los campesinos, pastores, hombres y mujeres sencillos de las áreas rurales del Perú han mantenido varios elementos incas y preíncas en sus trajes de uso habitual, trazando una continuidad, pero incorporando una serie de detalles, que del tiempo han devenido un sincretismo especial y diferente según cada localidad.

A lo largo y ancho del Perú los trajes y adornos de uso habitual muestran grandes variaciones regionales. La historia, cultura, creencias y costumbres de los pueblos del Perú se pueden leer en ellos. Trajes que distinguen, por sus señas, a las casadas de las solteras, al campesino común del mayoral, al alcalde varayoc de las demás autoridades, y por supuesto, al hombre sencillo del que adereza sus atavíos con joyas y adornos de oro y plata para dejar sentada la autoridad, prestigio o poder.

Tu, ¿conoces o recuerdas alguna? (Creencia, costumbre) ¿Qué tradición peruana habría que preservar y alentar? Déjanos tu opinion.

 

Etiquetas: Costumbres y creencias Peruanas, Tradiciones Peruanas, Tradiciones, Costumbres y creencias Peruanas, carnavales en peru, carnavales peruanos, costumbres de la sierra, costumbres peruanas, toros en peru, tradiciones de la costa peruana, tradiciones de la selva peruana, Más...tradiciones de la sierra peruana, tradiciones peruanas

Visitas: 47949

Responder a este comentario

Respuestas a esta discusión

La Noche del 24 de diciembre y la Cena de Navidad

Durante toda la noche se pueden escuchar por donde se vaya los estallidos de cohetes que aumentan conforme dan las 12.

La cena de Navidad consiste en pavo al horno (últimamente hay quienes comen lechón), chocolate caliente, panetón, puré de manzana y alguna que otra cosa de cada tradición familiar. Resulta curioso ver como la gente pasa por las calles llevando su bandeja con pavo (recién horneado en la panadería vecina). Se respira un ambiente realmente navideño, pues en las calles de la ciudad se oyen los villancicos y es difícil caminar por las aceras peatonales que están repletas de vendedores ambulantes que se colocan estratégicamente con sus mercancías novedosas.

Llegada las doce, en medio de la conocida melodía “Feliz Navidad” de Feliciano, todos alzan sus copas y brindan con champagne o sidra, dándose un caluroso abrazo y deseándose lo mejor, mientras un miembro de la familia coloca al divino niño en su pesebre. Se sirve la cena de navidad y así en medio del calor familiar se pasa una agradable velada, que luego se matizará con diálogos, anécdotas, recuerdos, etc.
Vestimenta de la mujer de la Provincia de Lama
Vigencia de Una Identidad
Parte I


A pesar de los muchos siglos de imposición cultural occidental, los campesinos, pastores, hombres y mujeres sencillos de las áreas rurales del Perú han mantenido varios elementos incas y preíncas en sus trajes de uso habitual, trazando una continuidad, pero incorporando una serie de detalles, que del tiempo han devenido un sincretismo especial y diferente según cada localidad.

A lo largo y ancho del Perú los trajes y adornos de uso habitual muestran grandes variaciones regionales. La historia, cultura, creencias y costumbres de los pueblos del Perú se pueden leer en ellos. Trajes que distinguen, por sus señas, a las casadas de las solteras, al campesino común del mayoral, al alcalde varayoc de las demás autoridades, y por supuesto, al hombre sencillo del que adereza sus atavíos con joyas y adornos de oro y plata para dejar sentada la autoridad, prestigio o poder.

LAS TRETAS DEL DÉBIL

Con la conquista española se alteraron todas las costumbres de los Andes, especialmente sus elementos visibles. Las nuevas autoridades impusieron sus normas y desterraron de las vestimentas los símbolos que recordaran la autoridad del pueblos vencido. Es así que desaparece el tradicional unku, una de las piezas fundamentales de la indumentaria masculina de la aristocracia inca, que consistía en una camisa sin cuello muy amplia y que llegaba hasta la rodilla, adornada de figuras solares y elementos geométricos y simbólico, tejido por diestras manos de las mamaconas o de los cumbicamayoc.

Después de la ejecución de Túpac Amaru I, el último Inca de Vilcabamba, en 1572, el virrey Francisco de Toledo obligó a los hombres a usar trajes españoles y las mujeres a variar el tradicional anacu. Es por este motivo que, paradójicamente, Túpac Amaru II, el líder de la rebelión indígena más importante de la historia del Perú, vestía en 1780 pantalones y sombrero negro a la usanza ibérica.

De un Túpac Amaru a otro, el hombre sencillo no dejo de usar el unku popular, es decir, la misma camisa pero en tejido más burdo y la mujer, el sencillo y negro anacu.Es sólo después de la rebelión de Túpac Amaru II que las autoridades españolas prohibieron estos trajes en todo el territorio de virreinato y entre todas las clases sociales. Sin embargo, los indios siguieron usando sus antiguos trajes como una forma de resistencia denominada por algunos como "las tretas del débil": debajo de las usuales prendas españolas las mujeres siguieron llevando el anacu o lo fueron transformando, sabia y dulcemente, en distinto trajes que aún se lleva hasta hoy.

Una creencia muy popular en algunos restaurantes de aqui de lima es poner un juego de cubiertos de plata encima de la puerta del restaurant.....


Supuestamente para que los clientes coman rapido y se vayan :D
El Chino de la Esquina

Una de las tradicionales características y costumbres de la Lima de hace algunos años es la famosa esquina del barrio, punto de reunión de los muchachos y jóvenes del barrio para conversar, hacerse bromas, poner "chapas" o sobrenombres, enterarse de lo que acontecía por el barrio y alrededores, ponerse de acuerdo sobre el próximo partido de fulbito o fútbol y también para piropear a las muchachas del barrio.

En una oportunidad, Rulli Rendo me comentó que él se preguntaba por qué había desaparecido la esquina del barrio. En su recorrido por Lima, Callao y Balnearios pudo observar que solamente tienen "esquina" los Barrios Altos, Lince y en un bajísimo porcentaje el distrito del Callao. Según lo que había conversado con un amigo, se había dado cuenta que la vieja esquina es hoy en día una "esquina virtual" que ha sido tomada por las cabinas de internet.

Aquel comentario de Rulli trajo a mi memoria la esquina de mi antiguo barrio, durante mi niñez y adolescencia, en la intersección del Jr. Ayacucho con el Jr. Ancash en los Barrios Altos de Lima. Esa esquina era nuestro punto de reunión de todos los muchachos del barrio, a toda hora, donde la pasábamos de lo mejor bromeando con los amigos y también apreciando las bellas féminas que vivían en nuestro barrio y que tenían que pasar por la esquina aquella ya que allí había una bodega, o tienda de abarrotes, de propiedad de un "chino".

Los chinos y sus descendientes siempre han tenido espíritu de comerciantes, por ello solían tener una bodega localizada, mayormente, en la esquina de los barrios. En el caso del chino de la esquina de mi antiguo barrio, éste realmente no era chino ni descendiente de algún chino, sino que era un japonés que vivía en Perú desde pequeño y como su bodega era grande y bien surtida, con él trabajaban sus hijos y otros familiares. Todos ellos eran descendientes de japoneses, a los cuales la costumbre limeña de llamar "chinos" a todos los asiáticos, les hizo conocerlos de esa manera.

Casi todos los barrios tenían su "Chino de la Esquina", llegándose a convertir en un personaje pinturesco de la Lima de hace algunos años. Las características y costumbres de todos ellos eran casi similares. Al chino de la esquina lo identificaba el tener un cigarro siempre en la boca, el lápicero en la oreja, los gatos, la libreta con los fiados, el arroz y el azúcar despachado en papel de color caqui y al que daban varias vueltas, rápidamente, sin derramar ni un granito de azúcar, y otras cosas más que eran algo típico de los chinos comerciantes. Otra característica antigua de ellos era que casi todos los chinos se llamaban José y sus esposas se llamaban María; ello parece que se debía a que habían adoptado esos nombres en reemplazo de sus nombres en idioma chino.

La tienda del "chino" de la esquina de mi antiguo barrio no fiaba, aparentemente, y tenía un letrero que decía: "Si fío, pierdo lo mío. Si doy, a la ruina voy. Si presto, al cobrar molesto. Para evitar todo esto, ni fío, ni doy, ni presto". Con ello la gente no pedía fiado, pero como eran humanos y, sobre todo, amigos de todos, fiaban a escondidas de otros no anotando lo que se debía en ninguna lista y diciendo solamente que les paguen después a ellos mismos ya que eran varios los miembros de la familia, dueña de la bodega aquella, que trabajaban allí. Recuerdo muy bien que durante unas temporadas difíciles en que la situación económica de mi familia era crítica, los de la bodega del "chino" de la esquina, conscientes de aquello, le ofrecían fiado a mi madre, por ello es difícil que uno pueda olvidarse de la parte humana que había detrás del comerciante.

Aquella bodega tenía tres puertas, dos de ellas daban al Jr. Ancash y la otra al Jr. Ayacucho. Por ser esa esquina lugar de tránsito obligado para los que vivían más arriba de los Barrios Altos, tenía mucho movimiento comercial y, a sabiendas de ello, felizmente nunca fue asaltada. En cierta forma, como esa era nuestra esquina del barrio, siempre había muchachos y jóvenes allí reunidos que, a la vez, velábamos porque nada malo le pase al barrio... eramos una especie de "serenazgo gratuito" del barrio.

Hace algunos años, cuando desde Australia viajé a Japón a encontrarme allá con una de mis hermanas quien viajaba desde Perú a participar, con una delegación peruana, en una Feria Internacional de la Moda, decidimos al final de la feria visitar a unos amigos de la infancia que sabíamos estaban viviendo en Nagoya. No los veíamos desde hacía varios años y ellos ya tenían cinco años viviendo en Japón sin haber visto, desde entonces, a ningún amigo de Perú ni a ningún familiar. Una pareja de hermanos, hombre y mujer, con quienes prácticamente crecimos como si fuésemos familia ya que vivíamos en la misma quinta de la Calle Tigre en los Barrios Altos, así que estando en Japón no podíamos irnos de allí sin verlos.

Dejamos un mensaje en el trabajo de mi amigo para que nos llamara al teléfono de la feria que se estaba desarrollando en la ciudad de Osaka y al día siguiente nos avisaron que teníamos una llamada telefónica. Era mi amigo a quien no veía por varios años y que al escuchar mi voz se quedó mudo no sabiendo que decir y, tal vez, por que pensó que el extranjero me había cambiado. Al notar su silencio y nerviosismo inicial opté por decirle: "¿cómo estás 'Cara de Buque'?... estoy con Silvia en Osaka y queremos visitarlos". Mi amigo al escuchar su "chapa" de la infancia se empezó a reír y se alegró de saber que deseábamos verlos. Dos días estuvimos con ellos recordando muchas anécdotas de nuestra infancia, contándonos también los sabores y sinsabores de nuestras vidas en los últimos años.

Mi amigo me contó que un día llamó por teléfono a una agencia, en Tokio, por intermedio de la cual podía enviar dinero a Perú. Al dar su nombre el empleado de la agencia susurró... "¿Cara de Buque?"... y mi amigo dijo que si, que se trataba de él. El empleado resultó ser un amigo nuestro de la infancia y que era hijo del "chino" de la esquina de mi barrio, por ello reconoció su nombre ya que se acordaba de todos los amigos de su antiguo barrio.

Esa bodega de la esquina de mi barrio hace muchos años que desapareció, ya no hay bodega ni ningún chino allí, pero los muchachos que viven en mi antiguo barrio todavía se reúnen en esa esquina para hacer lo mismo que solíamos hacer, años atrás, con mis hermanos y amigos.

Los tiempos han cambiado y si muy bien la mayor parte ya no podemos ver, vivir y sentir ese calor de amistad, esa "palomillada" sana y pícara que experimentamos en nuestra esquina del barrio, quizás esos recuerdos y nuestro inconsciente nos ha trasladado a una "esquina virtual" en la internet, donde ahora, con los amigos, hacemos algunas de las cosas que solíamos hacer de muchachos en nuestra antigua esquina del barrio.


Dario Mejia
Las Chapas en el Perú

Una costumbre peruana, que viene desde la colonia, y que se hace notar más en los colegios o entre los grupos de amigos de la infancia es el poner "chapa", apodo o sobrenombre a todo el mundo. Creo que encontrar alguien en el Perú, especialmente hombre, que no haya tenido "chapa" es como encontrar la aguja del pajar.

Nuestros artistas, futbolistas, políticos y demás personajes públicos se han ganado, mayormente, su "chapa" ya de adultos. Pero todos ellos han debido tener alguna "chapa" durante su vida infantil, porque ello era algo que no se dejaba para el otro día ya que siempre había alguien que estaba al tanto de cualquier detalle, curiosidad o lo que estaba de moda para "bautizar" con un nuevo nombre a los muchachos, pasando a llamársele, en su barrio y el colegio, con su "chapa".

Las "chapas" tenían, y siguen teniendo, mucho de originalidad y picardía. No podría olvidarme, jamás, de las que tenían los muchachos de entonces en mi antiguo barrio: "Manongo", "Carita del Cielo", "Calzón de vieja", "Loro", "El Muerto", "Tomate", "Muelas", "Frontonero", "Chino Lembi", "Simón Bolívar", "El frío", "Loco Supe", "Hilitos", "Lando Buzanca", "Chino Malo", "Cara de buque", "Rabito", "Cara de Gallo", "Pecho de tabla", "Ricotudo", "Cabi cabi", "Pajarito", "Siete pezuñas", "Mr. Magoo", "Quini quini", "Loco Emilio", "Salvaje", "La pantera rosa", "La Fiaca", "Quiquiniasi" y otros más, porque todos tenían su "chapa".

Las chicas del barrio no se escapaban de la ingeniosidad de los muchachos. Recuerdo a "La mueve-mueve", "La pecho de paloma", "La pekinesa", "La Perricholi", "Las frías", "La loca vincha" y demás nombres que tenían su historia y el porqué de la "chapa" aquella.

Mi chapa desde niño fue "Pollito", me la pusieron cuando entré a la primaria ya que era el menor de los hombres en mi familia y como en el mismo colegio, que está en mi antiguo barrio, estudiaban mis hermanos mayores, entonces a mí, por ser el último, el profesor de Educación Física me empezó a llamar el pollito de los Mejía y así me quedé como "pollito", incluso, entre mis amigos del barrio. Cuando voy a Perú y visito a mis antiguos amigos de barrio o nos encontramos en cualquier lugar, ellos hasta ahora me llaman así, "Pollo" o "Pollito".... aunque ahora más parezca "Gallo".

Lo curioso de todo aquello es que muchos, en el barrio, se habían acostumbrando a llamar a alguien por su "chapa" que no sabían, realmente, cual era el verdadero nombre de los muchachos o de los personajes a los cuales se les conocía solamente por su "chapa". Hay una anécdota de mi madre al respecto. Hace pocos años, un amigo de la infancia llamó por teléfono a la casa de mis padres; mi madre contestó el teléfono y el amigo aquel, luego de saludarla, le preguntó por el número de teléfono de uno de mis hermanos. Mi madre le preguntó quien era la persona que llamaba y el amigo le dio su verdadero nombre, a lo cual mi madre le contestó que no conocía a nadie con ese nombre por lo que no podía darle el teléfono de ninguno de sus hijos. El amigo insistió en decirle que era del "Tigre", la calle donde nacimos, y que era amigo de la infancia nuestro. Mi madre trataba de recordar el nombre aquel, a pesar que tiene muy buena memoria, pero no llegaba a reconocer el nombre que le dio el amigo por teléfono. Entonces, el amigo, desesperado porque no lo reconocían, le dijo a mi madre de que su "chapa" era "Simón Bolívar"... ¡Ah!, ¡Simón Bolívar!, ¿cómo estás hijito? le djo mi madre al reconocer recién al amigo aquel por su "chapa" de la infancia. Esa "chapa" de "Simón Bolívar" se la pusieron al amigo aquel cuando éste empezó a dejar la adolescencia y empezó a gustarle dejarse las patillas largas sin afeitarlas. Uno de mis hermanos fue el que le puso la "chapa" aquellla y de esa manera lo llamaban todos en mi antiguo barrio.

Si algún día alguien no lo recuerda por su nombre, dígale su "chapa" de la infancia y verá que lo recuerdan al instante, porque la infancia es la etapa de la vida de las personas que no se puede olvidar.


Dario Mejia
Los Pregones de Lima

"A las seis es la lechera / y a las siete la tisanera, catay, / a las ocho el bizcocho, chumay, / a las nueve el sanguito, compay. / A las diez los jazmines, sí; / muchachita, ¿no hueles ya? / a las once la chicha, catay, / a las doce el sereno, chumay, / ¡Ave María Purísima! / ¡Viva el Perú y Sereno!"... versos con los que Alicia Maguiña evoca a los pregones en su vals "Viva el Perú y Sereno".

Los pregones son los gritos, cantos o frases que vociferan los vendedores en la calle anunciando su mercadería. Pero, antiguamente, no sólo los vendedores eran pregoneros sino que, según Don Ricardo Palma, a partir de las diez de la noche el sereno anunciaba la hora cada sesenta minutos hasta que amanecía y la lechera anunciaba, con su pregón, que ya eran las seis de la mañana...

Leche purita
leche sabrosa
de la barrosa
de la vaquita
¡jazmín y rosa!

Leche purita
de chocolate
bate que bate
pura espumitas.

Bien especita
leche cocida
en la medida
bien colmadita
¡Leche purita!

Don Ricardo Palma, nuestro ilustre tradicionista, fue quien nos relató los pregones en forma más detallada, hora por hora, en su obra "Tradiciones Peruanas". Habían algunos vendedores que coincidian a la misma hora, lo cual también fue relatado por el tradicionista.

En la actualidad, de los pregoneros de antes sólo quedan la tamalera, el humitero y el vendedor de revolución caliente manteniendo la tradición de antaño. Aunque es muy raro ver a estos tradicionales vendedores ofrecer sus productos con la gracia que solían hacerlo años antes.

En uno de mis viajes al Perú, después de una diversión "sana" que tuve un día sábado y que me hizo llegar a las seis de la mañana a descansar a la casa de mis padres. Acababa de entregarme a los brazos de Morfeo cuando escucho un grito fuerte que decía: "Tamales, ricos tamales para el desayuno... compre los ricos tamales". Eran recién las ocho de la mañana del día domingo y el grito aquel de la morena que ofrecía sus tamales me despertó. Parece que la morena aquella no había leído las Tradiciones Peruanas de Don Ricardo Palma, donde nuestro tradicionista contaba que la tamalera pasa a las diez de la mañana. Es que realmente ya no es como era antes porque hasta el bello canto, que solía tener, ha sido cambiado por uno simple.

Como ya me habían despertado, me dirigí a la cocina a tomar desayuno con mis padres y hermanos que suelen llegar a tomar desayuno a la casa de mis padres los días domingo. Mi madre estaba un poco molesta porque me habían despertado, pero le dije que no se preocupe que más bien ese pregón me hacía recordar los tiempos en que vivíamos en los Barrios Altos, donde pudimos gozar de algunos de los verdaderos pregoneros que todavía existían.

El humitero solía dar un espectáculo de canto y baile cuando ofrecía sus humitas. Los humiteros llegaban en grupo de por lo menos cinco personas, entre músicos y bailarines. Unos tocaban el cajón y las tumbas, cantando al mismo tiempo, y otros eran los bailarines que hasta vestimenta apropiada tenían. Recuerdo que cuando ellos solían llegar a mi antiguo barrio, toda la gente salía de sus casas para disfrutar del bello espectáculo que ofrecían los humiteros. Luego de sus bailes y cantos procedían a ofrecer sus humitas a la gente que se había acercado a verlos, que normalmente era numerosa porque los humiteros ofrecían un espectáculo digno de cualquier teatro. Todavía se les puede ver por los Barrios Altos, el Rímac y, rara vez, en otros distritos.

"Revolución caliente,
música para los dientes,
azúcar, clavo y canela
para rechinar las muelas...
Revolución... "

Aquel es el estribillo que suele cantar el vendedor de revolución caliente en las noches limeñas, pero que está casi desaparecido ya que, aparte de los Barrios Altos, es muy raro verlo en otros distritos en la actualidad. La "Revolución Caliente" es una especie de galleta pequeña, en cubos, bien tostada y crepitante que los vendedores ambulante
Las tres puntas del San Martín

A nuestro San Martín de Porres, el ingenio criollo de los limeños lo relacionó como el santo que sabía premiar a los niños buenos, obedientes y amorosos, pero que castigaba duro a los niños malos y desobedientes.

Durante la época de la colonia, en Lima, se solía tener un cuadro colgado de la pared que tenía escrita la siguiente frase: "La letra con sangre entra". Ello significaba que aquellos que por uno u otro motivo se portaban mal, a la fuerza lo corregían para que aprenda a portarse debidamente. Claro que se abusaba de esa frasecita de marras ya que se agarraba hasta a latigazos a las personas.

Con el correr del tiempo y ya viviendo una etapa republicana, se seguía castigando severamente, especialmente a los niños, tanto en los colegios como en muchos hogares.

Recuerdo que en la primaria los profesores solían tener una especie de paleta gruesa con la cual daban de paletazos, en la palma de la mano, a quienes se portaban mal o no hacían las tareas. Algunos daban los paletazos en el otro lado de la mano ya que ahí dolía más. En la secundaria, en cambio, quien solía castigar a los alumnos era el auxiliar, quien mayormente se volvía un tipo muy temido entre los estudiantes.

No había aquello de los Derechos del Niño ni que ochocuartos, así que tanto profesores como auxiliares seguían al pie de la letra aquello de que "La letra con sangre entra". Felizmente que hoy en día ya no se le puede hacer ello a ningún niño porque sino se puede llevar a la corte y meter preso a quien abuse de un menor. Y si ello ocurre en un país adelantado como Australia, donde vivo, hasta una compensación tienen que pagarle al niño, ya sea el agresor o la escuela.

En muchos hogares también se corregía a los niños castigándolos con la correa o con el famoso "San Martín de tres puntas", que era una especie de látigo ancho y grueso, de cuero, que terminaba en tres puntas y que por un tiempo, cuando era niño, pensé lo habían inventado para mí. Los padres solían utilizar el "San Martín de tres puntas" como último recurso para corregir a sus hijos cuando ya otros métodos habían fallado... ¡Ayayay! ese San Martín si que hacía doler.

"Ahora vas a conocer a Martín Moreno, el que quita lo malo y pone lo bueno" se solía decir cuando se empuñaba el San Martín entre las manos. Lo curioso es que en mi casa solamente lo utilizaban para castigarme a mí, a pesar que tenía 3 hermanos y 2 hermanas. Es que era muy "mataperro", según cuentan las malas lenguas, y las buenas también, de mi antiguo barrio. Pero después de cada latigueada que me daban, cuando mi madre se descuidaba, buscaba el bendito San Martín y lo arrojaba al techo de la casa. Lo buscaban y buscaban y no podían encontrarlo. Lo malo era que en el mercado de la vuelta de mi casa, Mercado de San Ildefonso, lo vendían así que otro nuevo San Martín esperaba pacientemente estrenarse conmigo.

Actualmente, si un niño se porta mal lo castigan no dejándole ver televisión, no permitiéndole jugar en la computadora o que salga a jugar con los amigos, pero ya no se suele agarrar a correazos y menos creo que todavía exista el San Martín de tres puntas. Los tiempos han cambiado, especialmente en la manera como debemos educar y corregir a nuestros niños.

Bueno, en una oportunidad, siendo muchacho, en que yo ya había arrojado el San Martín de tres puntas al techo y, como siempre, me había desaparecido todo el día de mi casa sin que ninguno de mis hermanos haya podido encontrarme; al llegar de noche a casa vi a todos los de la quinta donde vivía que se encontraban reunidos en el patio, así que me asusté ya que pensaba que algo malo había sucedido.

Resulta que mi padre había llegado amargo del trabajo y como no me encontró en casa puso el grito en el cielo, por lo que me esperaba para descargar su cólera conmigo. Los vecinos, como siempre sucede en toda vecindad, no querían perderse el espectáculo, así que estaban a la expectativa de que yo llegara para ver la tunda que me darían. Mi hermana mayor que era la que siempre me defendía, no podía defenderme en esta oportunidad porque mi padre estaba encolerizado... creo que ni siquiera el Chapulín Colorado me salvaba de esa.

Cuando mi padre me vio, corrió a agarrarme y me gritaba tanto que yo lo único que hacía era pedirle perdón y prometer que no volvería a desaparecerme... hasta prometí que me volvería acólito y vestiría santos, y todo con tal que no me dé mi paliza. Los vecinos hasta apuestas hacían para adivinar cuantos correazos aguantaría. A uno de ellos hasta se le ocurrió gritar: "Traigan el San Martín de tres puntas"... pero no contaban con mi astucia... por que yo ya lo había hecho desaparecer.

Mi padre, incentivado por la presencia de espectadores, me agarraba más fuerte con una mano y con la otra mano procedió a quitarse la correa del pantalón. Al primer correazo que me dio, yo agarré la correa y por más que mi padre me gritaba para que la suelte, yo no la soltaba. Entonces, él procedió a forcejear conmigo para que suelte la correa y de tanto forcejeo se le cayó el pantalón quedándose en calzoncillos ante la presencia de todos los vecinos. Yo aproveché ese momento de confusión y me fui corriendo a los brazos de mi hermana mayor que era siempre mi defensora implacable. Los vecinos se reían de lo que había pasado y a mi padre no le quedó otra cosa más que reírse.

Después de esa noche dejé de desaparecerme todo el día y le prometí a mis padres que me portaría mejor. Mis hermanos siempre se acuerdan de esa anécdota y a veces cuando estamos todos reunidos en la mesa la recuerdan, y hasta mi padre se ríe recordando aquella noche en que se quedó en calzoncillos delante de todos los vecinos.


Dario Mejia
Mi mama lo llamaba el "pan caliente" y nos correteaba cuando no haciamos caso...uno de mis hermanos lo desaparecio.. ese fue el final del pan caliente......
Curiosidades Limeñas

A la ciudad de Lima se le ha llamado también como: "Ciudad de los Reyes", "Ciudad Jardín", "Reina y Perla del Pacífico", "La tres veces coronada villa", "Ciudad de campanas y de campanillas" y otros títulos nobiliarios que se ganó por su belleza, poesía y cultura que en ella había. Pero, contrastando con ello, a Lima también la han llamado "La ciudad de los gallinazos" y "Lima la horrible".

A inicios del siglo XVII, en el año de 1613, la ciudad de Lima tenía solamente 25,000 habitantes. Diecisiete años después, su población fue más del doble ya que, según el Padre Cobo, en 1630, Lima tenía 60,000 habitantes de los cuales 5,000 eran indios y 30,000 eran negros, el resto eran españoles. Lo que significa que, por ese tiempo, la población de raza negra era mayoría en Lima. Por ello, "Quien no tiene de inga tiene de mandinga".

Más de doscientos años después, en 1857, Lima tenía solamente 94,195 habitantes, según el censo levantado por Manuel Atanasio Fuentes. Lo que significa que en 227 años la población de Lima creció 50 por ciento nomás.

El avance intenso de la población empezó a partir de 1920, cuando Lima contaba con 198,875 habitantes que creció, casi 40 años después, a un poco más de 1.5 millones, según el censo de 1961. Un poco más de 40 años después, según el censo de fines de 2005, Lima bordea los 7.5 millones de habitantes, representando casi el 30 por ciento del total de la población en el Perú.

A muchos les gusta tener mascotas en sus casas siendo las más populares los perros y gatos. ¿A quién se le ocurriría tener un ave de rapiña como mascota?. Ello sucedió en la famosa Quinta Heeren de los Barrios Altos, en Lima, donde a inicios de la década de los 40's los habitantes de dicha quinta tenían un cóndor como mascota. "La Pochola" era el nombre con el cual se le conocía a este personaje que llegó a ser muy popular en esa tradicional quinta limeña que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

"La Pochola" solía jugar con los vecinos de la quinta y hasta con los perros que allí habitaban, pero le gustaba salirse de la quinta, de vez en cuando, y cuando la gente que circulaba por el Jr. Junín la veía, se quedaba aterrorizada y hasta el tráfico se detenía, sobre todo, cuando a "La Pochola" se le ocurría abrir sus grandes alas. En una de esas escapadas, un tranvía atropelló a "La Pochola" matándola y dejando muy sentidos a todos los vecinos de la famosa quinta ya que no iban a poder gozar más de la presencia y el cariño de su mascota.

En el Jirón Trujillo, distrito del Rímac, se encuentra la iglesia más pequeña del mundo, "Nuestra Señora del Rosario", que también se le conoce como “Capillita del Puente”, por hallarse cerca del Puente de Piedra. Las dimensiones de la iglesia son de 8 metros de ancho por 12 metros de profundidad.

La hermosa estatua del Libertador Simón Bolívar que se encuentra en la "Plaza Bolívar", frente al Congreso de la República, fue tan admirada desde su inauguración que en la ciudad de Caracas, Venezuela, hay una plaza que tiene una estatua idéntica a la que hay en la Plaza Bolívar de Lima. El gobierno venezolano, maravillado por la belleza de dicha estatua, pidió permiso a las autoridades peruanas de entonces para utilizar los moldes con que se construyó dicha estatua en Europa.

El Amancay, una flor atractiva que es emblema de la ciudad de Lima, puede ser admirada sólo tres semanas al año brotando alrededor del 24 de junio para luego desfallecer a mediados de julio. La Pampa de Amancaes, en el Rímac, debe su nombre a la flor y fue escenario de una de las fiestas costumbristas que formaba parte de las tradiciones de la ciudad de Lima, "La Fiesta de Amancaes". Hoy en día el amancay ha desaparecido por completo del Rímac y la Pampa de Amancaes queda sólo en el recuerdo y en la letra de algunas canciones criollas que la mencionan. Pero se puede encontrar el amancay en las lomas de Pachacámac, en un área protegida que ha tomado el nombre de "Santuario del Amancay".

"La Huerta Perdida", uno de los lugares más tugurizados de Lima y que, lamentablemente, fue convertido en cuna y refugio de delincuentes, no debe su nombre al hecho de que la gente se pierda allí sino que durante la colonia el virrey La Serna con su esposa mandaron preparar una huerta hermosa en esa zona para lo cual hasta ordenaron que les trajeran de España cinco mil plantas. La huerta era tan bella que no sólo causaba admiración sino también la envidia de algunos que decidieron robar las plantas, de a poco, por las noches. Llegó un día en que ya no quedaban plantas en dicha huerta así que el virrey y su esposa, tristes por el hecho aquel, decidieron llamarla "La Huerta Perdida".

La famosa Calle Capón, que desde hace muchos años es el Barrio Chino, no debe su nombre a algún chino o palabra china, ni tampoco nació con los chinos que llegaron a Lima, como equivocadamente es mencionado por muchos. Los primeros chinos que llegaron al Perú lo hicieron en 1849 y recién en 1855 empezaron a ubicarse por el centro de Lima, especialmente en el "Callejón Otayza" que quedaba en la esquina del actual Jr. Ayacucho con el Jr. Ucayali, donde empezaba la Calle Capón. En dicho callejón, los chinos vivían completamente hacinados durmiendo hasta en los suelos de las habitaciones. Según el Dr. César Borja, quien por el año de 1880 hizo un estudio de las condiciones en que vivían los chinos, en el "Callejón de Otayza" él encontró 650 chinos viviendo en 80 habitaciones pequeñísimas. En la finca del costado del callejón aquel, vivían 420 chinos repartidos en 63 celdas diminutas.

El origen del nombre de la Calle Capón se remonta al siglo XVII, doscientos años antes que llegaran al Perú los primeros inmigrantes chinos, cuando en esa calle vivía un sacerdote de nombre Manuel Loayza quien tenía como apodo "Capón", así que desde el siglo XVII esa calle se conoció con el apodo del mencionado sacerdote. La Calle Capón, en el actual Jr. Ucayali, era también una cuadra grande que abarcaba desde el actual Jr. Ayacucho hasta el Jr. Paruro; lo que significa que comprendía a las actuales sexta y séptima cuadras del Jr. Ucayali, como figura en el plano de Lima de 1858. Sin embargo, hoy en día llaman solamente Calle Capón, por desconocimiento, a la parte comprendida entre el Jr. Andahuaylas y el Jr. Paruro, que vendría a ser la séptima cuadra del Jr. Ucayali.

Cuando los chinos que se establecieron en Lima llamaban a comer, decían "chi fan", que significa a comer arroz. El ingenio y la "chispa" del limeño relacionó aquello con los lugares donde se expendía la comida china procediendo a llamarlos "Chifa". En la actualidad "Chifa" es el restaurante chino.


Dario Mejia
Los paracaidistas

Durante una reunión de hace unos días, un amigo contó la experiencia que tuvo practicando "skydiving". Ello consiste en saltar de un avión en pleno vuelo y a 4,000 metros de altura, apróximadamente, volando en caída libre cerca de un minuto para luego abrir el paracaídas.

La aventura del amigo aquel trajo a mi mente los recuerdos de cuando fui "paracaidista". Pero, no es que haya sido un émulo de Icaro, volando libremente por los cielos; tampoco fui uno de aquellos combatientes que en el fragor de la batalla caía del cielo en paracaídas para sorprender y vencer al enemigo. Lo que si, fui uno de aquellos que caían en forma sorprendente en las fiestas, sin tener invitación, y a los cuales en el Perú los conocían con el apelativo de "paracaidista".

Los paracaidistas no eran tipos que cayeran mal en alguna fiesta, sino que más bien eran celebrados por ser respetuosos, alegres, conversadores, bailarines y, en muchas oportunidades, hasta se convertían en el alma de las fiestas improvisando versos para los dueños de la casa o para la muchacha que cumplía años. Mayormente, era durante la celebración del cumpleaños de alguna bella doncella donde caían los paracaidistas, quienes no podían resistir a la tentación de ser partícipes de tan bello acontecimiento y aprovechar ello para poder bailar con la muchacha que atraía las miradas y suspiros de todos los muchachos del barrio.

Generalmente, los paracaidistas conocían a alguno de los invitados a la fiesta y llegaban con él, o ella, o lo mandaban llamar desde la puerta para entrar juntos a la fiesta, como si hubiesen sido también invitados.

Muchos criollos de antaño fueron paracaidistas, pero ellos fueron muy bien recibidos en toda fiesta a la cual llegaban ya que se aparecían con guitarra y cajón que, sumados a sus grandiosas voces, alegraban toda fiesta terminando ésta en una jarana fenomenal.

Como paracaidistas famosos tenemos a los muchachos que integraban la legendaria Palizada y que fueron el alma de muchas fiestas durante fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. Dicho grupo solía caer, o meterse, en cualquier celebración llevando consigo solamente su presencia, alegría, dotes de bailarines y versos que solían improvisar para deleite de todos los presentes.

Casualmente, el nombre de la Palizada se lo pusieron a los muchachos aquellos por ser paracaidistas, que se metían a todos lados sin ser invitados. Fue una noche en que los muchachos aquellos se divertían en un templo del amor de Abajo el Puente, cuando una brava y atronadora avenida del Rímac empezó a ocasionar daños considerables arrastrando sus aguas torrentosas palos, troncos y todo lo que encontraba. Los palos que el río arrastraba, en forma atropellada, se metían en los cercos y chozas, siendo todo ello observado desde los balcones de la casa aquella ocurriéndosele a una de las muchachas comparar a los niños terribles aquellos con la palizada furibunda y terrible que estaban presenciando ya que, del mismo modo, ellos se colaban en tropel a cualquier parte, sin ser invitados y causando destrozos muchas veces. A partir de esa noche se les conoció a esos muchachos como la Palizada, grupo que ha dejado muchas páginas, y aventuras, escritas en el criollismo limeño.

En lo personal, mi inicio como paracaidista fue a la edad de quince años. Recuerdo muy bien que era el quinceañero de una muchacha de mi antiguo barrio y la fiesta se llevaba a cabo en la casa de un familiar de ella en Maranga. La chica aquella solamente había invitado a unos cuantos del grupo con los que paraba, incluido uno de mis hermanos del cual ella estaba enamorada. Como no había estado aún en un quinceañero, con otro amigo convencimos a los que si tenían invitación para llegar en grupo a la fiesta y colarnos en ella los dos que no habíamos sido invitados.

En ese tiempo no tenía saco, menos terno, por lo que uno de mis amigos se ofreció para prestarme un saco extra que él tenía. A la hora en que nos reunimos en el barrio para ir a la fiesta, el amigo aquel se apareció con el saco extra y cuando me lo fui a poner me di con la sorpresa de que las mangas me quedaban tres cuartos solamente. El saco aquel resultó ser el de colegio que mi amigo utilizó en la primaria, pero como yo, de todas maneras, quería ir al quinceañero, pues llevé el saco en la mano y me lo puse solamente a la hora de entrar a la casa donde era la fiesta. Claro que entré a la casa en medio de mis amigos para que los demás invitados no vieran que la manga del saco era solamente tres cuartos y que me quedaba más ajustado que pantalón de torero. Una vez dentro de la casa, hasta me di el gusto de bailar a las doce con la quinceañera... por supuesto que bailé sin el saco puesto.

Con los amigos del barrio es que uno agarraba experiencia como paracaidista. Cuando ya tenía muchas horas de "caída libre y sorpresiva" en fiestas, me sucedió una anécdota que nunca olvidaré, porque a todos nos llega nuestro Waterloo. Recuerdo muy bien que era un día de año nuevo y luego de quemar los muñecos en mi antiguo barrio, nos encontrábamos reunidos un grupo de amigos en la esquina del barrio. Uno de ellos comentó que unas hermanas tenían una fiesta, pero había que ir a sacarlas de su casa que quedaba en la Calle Rastro de la Huaquilla, actual tercera cuadra del Jr. Cangallo, en los Barrios Altos. Como el año nuevo era para pasarlo bailando, en lo posible, nos fuimos a buscar a las hermanas aquellas y con ellas nos fuimos a la fiesta que quedaba a la vuelta de la casa de ellas, en una quinta de la Calle del Carmen Bajo, actual cuadra 10 del Jr. Junín.

Una vez en la fiesta, me sentí atraído por una muchacha muy bella, de pelo castaño y ojos claros, así que a la primera oportunidad que tuve la saqué a bailar y salí premiado porque justo habían puesto uno de los famosos Toques Musicales de Rulli Rendo, que eran infaltables en las fiestas de año nuevo, por lo que tenía todo un long play para bailar con la chica aquella.

Justo, unas horas antes, había leído mi horóscopo en un periódico y me auguraba un buen inicio del año. La luna estaba llena esa noche y hasta había notado que se podían ver algunas estrellas en el cielo, algo muy raro de ver en el cielo limeño. Todo ello, sumado a la belleza de la chica, me inspiró, así que alegremente estuve conversando de muchas cosas con ella. Pero, en un momento determinado, ella me preguntó como había llegado a la fiesta y le dije la verdad... que había caído como paracaidista con un grupo de amigas. ¡Ahhh!, dijo ella solamente, quedándose después callada. Al preguntarle si ella vivía cerca, ella me dijo que esa era su casa y que no sólo estaban celebrando el año nuevo sino que también su cumpleaños. No supe donde meterme, o esconderme, en ese momento, así que lo único que atiné fue a felicitarla por su cumpleaños y ya no la volví a sacar a bailar. Creo que debí demandar al que escribía los horóscopos en el periódico.

Lo bueno era que los paracaidistas solían portarse con respeto en las fiestas, por ello no caían mal. Con el correr de los años, dicha figura se tergiversó y lo que ahora existen son "zampones", quienes no utilizan el ingenio y picardía para introducirse en alguna fiesta, como solían hacerlo los paracaidistas, sino que los "zampones" se introducen a las fiestas a la mala y, para colmo, se emborrachan, se comportan en forma insolente causando hasta peleas, terminando por malograr las fiestas.

El paracaidista de antes ya desapareció, aunque muchos han experimentado, alguna vez en su vida, el paracaidismo aquel. Ahora sólo nos quedan los bellos recuerdos de una etapa traviesa, pero respetuosa, de nuestras vidas.


Dario Mejia
Buena Fernando!!! Me encanta leer las anecdotas de Dario Mejia.......
De nada mi querida amiga.
El maestro Dario Mejia es muy bueno.

RSS

Mensajes de Texto a Perú Gratis

Redes Sociales