Las Tradiciones y costumbres peruanas son muy variadas y muy creativas. Cada región se distingue por su costumbres ademas de pequeñas creencias que el tiempo ha ido forjando y se han pasado solo con palabras.de generacion en generación (Craneos guardianes de casas, Escobas puestas de cabeza para que las visitas se vayan rápido, etc).

A pesar de los muchos siglos de imposición cultural occidental, los campesinos, pastores, hombres y mujeres sencillos de las áreas rurales del Perú han mantenido varios elementos incas y preíncas en sus trajes de uso habitual, trazando una continuidad, pero incorporando una serie de detalles, que del tiempo han devenido un sincretismo especial y diferente según cada localidad.

A lo largo y ancho del Perú los trajes y adornos de uso habitual muestran grandes variaciones regionales. La historia, cultura, creencias y costumbres de los pueblos del Perú se pueden leer en ellos. Trajes que distinguen, por sus señas, a las casadas de las solteras, al campesino común del mayoral, al alcalde varayoc de las demás autoridades, y por supuesto, al hombre sencillo del que adereza sus atavíos con joyas y adornos de oro y plata para dejar sentada la autoridad, prestigio o poder.

Tu, ¿conoces o recuerdas alguna? (Creencia, costumbre) ¿Qué tradición peruana habría que preservar y alentar? Déjanos tu opinion.

 

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Y hablando de costumbres....mi mama solia celebrar el cumple de mi hno (18 nov) y el mio (4 marzo) con torta helada, porque ya era epoca de verano.

Hoy dia estuvimos aca en California preparando torta helada como no lo haciamos en muuuucho tiempo.......
La Mañana del 25 de Diciembre en Perú

Curiosa resulta la tranquilidad salteada que reina el 25 en la mañana, cuando las calles están desiertas porque todos duermen, menos los niños que hacen escándalo con sus juguetes nuevos y los últimos cohetes. El desayuno para los que están despiertos consta de chocolate caliente con panetón y se suele servir también parte restante de la cena (que en mi caso siempre quedaba) y luego se suele descansar el resto del día.

Por donde sea que caminas (en la tarde claro) ves restos de cenizas y veredas todavia con el ollin y la pólvora quemada que dejaron los cohetecillos el día anterior, y varios restos de "zartas" (el pirotécnico infaltable en navidad y año nuevo) los niños en los parques estan llenos de niños estrenando sus patines o demás cosas que les hayan regalado.
La Fiesta de Año Nuevo

Otra festividad muy esperada, por la trascendencia de comenzar un nuevo año, que muchos esperan sea mejor que el anterior. Los comercios están abiertos hasta altas horas de la noche y lo que más se suele vender aparte de los juguetes, el cotillón para las fiestas, son las prendas íntimas de color amarillo (que la gente se suele regalar y ponerse como una forma de atraer la buena suerte). En algunos distritos las municipalidades suelen preparar llamativas fiestas al aire libre con los artistas del momento o con una orquesta animada, para aquellos que quizás no tengan con quien recibir las doce campanadas en casa. Además suele armarse un castillo (usualmente en las plazas principales) y están hechos a base de caña seca y atiborrado de muchos fuegos artificiales, que cuando se es quemado da un impactante espectáculo de luz y color, que alegra los corazones de los presentes.

Cuando falta pocos segundos para las doce, es emocionante escuchar en las emisoras el conteo, luego su programación es totalmente de fiesta. En las casas dada las doce se brinda con champagne o sidra y luego vienen los abrazos e intercambio de buenos deseos, y la puesta en práctica de las cábalas (como el comer las doce uvas mientras pides un deseo por cada una de ellas, o darse la vuelta a la manzana con una maleta vacía para irte de viaje, o que te echen arroz bajo el marco de la puerta al entrar en la sala como augurio de una próxima boda que a mi me resultó), luego se suelen encender con mas ganas chispitas mariposa, cohetes (una forma de expresar la alegría que sentimos) y al mismo tiempo se procede a la quema del muñeco (que en mi caso le colocábamos nombres graciosísimos, en algunos casos relacionados con los políticos de nuestro país que nos tienen a mal) y que yace plantado en medio de la calle (usualmente está hecho de ropa vieja, relleno con periódicos, telas, etc. y es de tamaño natural y sujeta entre sus manos su caja de panetón vacío).

Este muñeco representa al año viejo que se va con todas sus malos momentos o vivencias, y que implícitamente es un deseo lanzado al aire, de que el próximo sea mejor. Este momento es muy disfrutado por los niños, que lanzan sus cohetecillos al consumido muñeco mientras ríen y corretean de un lado a otro, viendo cual muñeco se quema más rápido. El año pasado en mi barrio llegaron a colocar hasta seis muñecos y fue todo un espectáculo, pues mientras lo veías consumirse por las llamas aprovechabas a saludar a los vecinos y darles un abrazo de buen augurio.

Luego se procede a cenar, en este caso el pavo, pollo o lechón, acompañado del infaltable panetón con su chocolate caliente. Terminada la cena, los mas jóvenes pueden ir al parque (plaza) a ver el castillo, disfrutar de la fiesta de fin de año al aire libre o asistir a una discoteca (que está casi siempre repleta) y a veces es mas animado pasear en medio de toda la gente por las calles acompañado de tus amigos o familiares mientras charlas y el tiempo transcurre sin darte cuenta. Es una noche para celebrar, pero también para divertirse, pero sin excesos.

La Afición Taurina

Si la afición Taurina expresa, mejor que ningún otro, la idiosincrasia de los pueblos, en el Perú muestra cuan diferente puede ser la idiosincrasia de los aficionados limeños de los del norte y centro del país.

En el caso particular de Lima, la capital del Perú, “la afición” con mas de 400 años de evolución, es hoy día reconocida por su sensibilidad y alto nivel de exigencia, según han manifestado a lo largo del siglo XX las máximas figuras del toreo que han actuado ante ella. Los silencios de Acho recuerdan los de Sevilla, y el estallido del "olé", espontaneo y sobre todo oportuno, dicen a las claras de su sensibilidad y conocimiento profundo del toreo. Es por ello que la afición limeña acoge tanto a los toreros llamados de arte como a los de valor, a los toreros de poder como a los bullidores, a los clásicos como a los innovadores, con la sola obligación de mostrar capacidad, entrega, autenticidad y personalidad.

Ahora enfocando al toreo, genuina expresión de fuerza, del alma española y que a su vez no se sabe con precisión cuándo ni aun en que circunstancias se enraizó fuertemente en la expresión india y más tarde mestiza de la sierra del Perú y particularmente en el departamento de Puno en Ayaviri, por su apasionamiento ha cobrado un clima espiritual, tan excepcional en el costumbrismo pueblerino.

En Lima, como en las ciudades y pueblos en los que la fiesta tiene un mayor desarrollo, las Peñas Taurinas acogen a los aficionados de más solera, conocimientos y entusiasmo. Estas peñas contribuyen en sus localidades con la difusión y defensa de la fiesta a través de conferencias, exposiciones, exhibición de vídeos y encerronas taurinas. Anualmente realizan también diversas celebraciones sociales en las que destacan las de entrega de sus trofeos anuales. Las principales peñas taurinas de Lima son el Centro Taurino de Lima (la institución de aficionados taurinos decana de América), la Peña Femenina Angel Teruel, y la Peña el Puntillazo.

una costumbre es el tradicional pan con chicharron los domingos con su cafecito comer su mazomorra morada con aroz con leche en la tarde el tradicional caldo de gallina o el cevichito despues de una super bomba
ir a la misa de gallo todos los anos y visitar las 7 iglesias
son muchas las costumbres q no he perdido aqui viviendo en usa hasta queme mi muneco para ano nuevo mi esposo q es gringo la primera vez q lo hice me miraba pensando q estaba loca le tube q ensenar fotos y videos en internet para q vea q era una costumbre muy peruana le expluique en q consistia q para botar la mala vibra habia q quemar lo viejo para q viniera lo nuevo y mejorado como anecdota les contare q llene el muneco con mas ropa suya q mia jijij
Carnavales en Lima

La palabra "Carnaval" proviene del latín "Carnevale", la fiesta de la carne, del loco amor, donde todas las travesuras valen. En el Perú, febrero es el mes de los Carnavales.

En Lima se celebran los carnavales ya sea con fiesta en algún club social o regional, donde se elige a la "Reina del Carnaval", o también en algún club de playa con un luao que se ha vuelto popular en los últimos años. Pero, los carnavales también se celebran y juegan todos los sábados y domingos del mes de febrero, con agua, tanto en Lima como otras ciudades del Perú, siendo los globos con agua los más populares entre la gente. También se moja con chisguetes, jeringas y baldazos de agua.

En los barrios más populares de Lima, como Barrios Altos, el Rímac y La Victoria, si que no se salva de ser mojado ningún transeúnte que se atreva a caminar por cualquier calle de esos distritos durante los fines de semana. Hasta la policía lo piensa muchas veces antes de entrar a esos lugares en época de carnavales porque saben que les lloverá un globo con agua de cualquier edificio, callejón o quinta, ya que en temporada de carnaval ni así te arrodilles te perdonan de ser mojado. Los micros y combis son también blancos de los globos y baldazos de agua. El betún y la pintura también son utilizados por muchos y en la noche los "torpedos" y la popular "matachola" son el terror de todas las chicas que se atrevan a circular por la calle, ya que no sólo las deja llenas de talco o yeso, sino que también las deja con dolor de cabeza.

Los Cachimbos

Una costumbre bastante peruana (o al menos de la que no he escuchado de otros extranjeros) es la celebración de los que lograron entrar a la universidad, más conocidos como cachimbos, a punta de huevos.

Todo comienza en aquella mañana que sientes que decidirá tu futuro. Junto a varios cientos de estudiantes como tú, entras a las aulas de la universidad de tu elección y comienza la tortura para la que te puedes haber preparado por 5 meses o por 5 años. Al salir, la tensión debe ser liberada con los patas, tal vez alrededor de unas cervecitas, tal vez en el pimball del frente, o tal vez simplemente haciendo webbing. No quieres regresar a tu casa porque ya sabes lo que te espera: las preguntas, el qué te preguntaron, qué tal te salió, te faltó tiempo, hubieras estudiado más. No, eso es lo último que necesitas oir.

Así pasa una de las tardes más angustiantes de tu existencia. Hasta que llegado el momento en que las pizarras aparecen y todos los jóvenes se arremolinan buscando sus nombres. Tú entre ellos, con el corazón en la mano, escuchando a chicas chillar, patas llamándose unos a otros, risas, pataletas, buscandote a ti mismo.

Hasta que ahí estás.

Entre los que ingresaron.

El rostro se te ilumina, la vida vuelve a tener sentido. Volteas y te diriges al primer amigo tuyo que esté cerca con un "INGRESE CARAJO!!!" Tu pata compartirá tu felicidad, te abrazará, de dará la mano y, lo más importante, pasará la voz.

Desde atrás escuchas un "Ingresaste conchatumare!!" seguido de un impacto en la cabeza con algo que sientes que se rompe y derrama su lechoso contenido sobre tu cabello. Un huevo. Y otro pata más que comparte tu felicidad. Y otro más, otro huevo, otro pata. Pero a ti no te importa, les agradeces, los abrazas, sabes que ese es un ritual justo y necesario. Las chicas te lanzan harina y no falta la que trae una tijera para cortarte el cabello, ahora una masa de clara, yema y harina. No importa. Ellas chillan de felicidad o de pena por no haberla hecho. Los patas putamadrean, de felicidad o de colera también. Y tú, satisfecho, con el pelo hecho una desgracia y apestando caminas por las calles mostrandote con orgullo al que quiera verte. Tal vez regreses a tu casa como caballero que regresa de las cruzadas, tal vez vayas a la casa de un amigo a lavarte. No puede faltar la rapada de cabello. Y ya de ahi a celebrar como mejor te dé la gana.

El primer día de clases llegará a encontrarte con la cabeza tan lisa como el huevo que te reventó aquella tarde/ Aun eres feliz y muestras tu cabeza con orgullo. No sabes la que te espera, pero por ahora, puedes darte el lujo de ser un orgulloso cachimbo.
Las Polladas

La noche comienza a aclarar. El fuego que yace en la hornilla se apaga lentamente. Algunos ya se han ido rendidos por el alcohol; otros, sin más remedio, duermen regados en los asientos. Al menos algo se ha ganado, piensa Felícita, que con los pies cansados y las manos impregnadas de aderezo busca en el calendario la quincena para su próxima pollada.

El diccionario de la Real Academia Española se refiere a la pollada como el conjunto de pollos que de una vez sacan las aves, particularmente las gallinas. Para los peruanos, en buen cristiano, no es otra cosa que pollo a la olla con papas sancochadas y ají molido acompañado de cerveza y jarana.

Las parrilladas, anticuchadas y picaronadas, populares en Lima, se han convertido en un recurso de supervivencia frente a la crisis económica y a la falta de empleo en el país. Es el medio más difundido para salir de apuros económicos. Pero es la pollada la que ha sobrepasado barreras. Ya no son los barrios de los conos donde se hacen polladas, sino distritos medios que no se quedan atrás cuando se trata de sacarle la vuelta a la recesión a través de este recurso.

En la cuadra 5 del jirón Caravelí, en Breña, por lo menos tres familias en esa misma zona realizan polladas. Los vecinos tienen que soportar hasta altas horas de la noche el estruendo de la música y la euforia de los que asisten. En La Molina, y con pollos del Centro Comercial Camacho, también hacen polladas. Una fila de carros se estacionan en la cuadra tres de la avenida Ayacucho, en Surco, y el garaje de una de esas amplias casas recibe a los invitados. "Sólo familiares, para pagar la pensión de mi hijo en la universidad", dice la dueña. Las mesas, cada una con su sombrilla y su mantel a cuadros –eso sí, todo muy nice– están servidas y la infaltable pollada, a seis soles, espera a los invitados.

Hoy, Gran Pollada Bailable

Ese olor a ají fresco. Ese olor que se empapa en el baile y en la música. Esa peculiar forma de divertirse y por qué no decirlo, de conseguir alguito para el diario. ¿Quién no ha probado una pollada? ¿Quién no ha bailado al ritmo de Oscar de León, Rossy War o algún grupo roquero? ¿Quién no le ha dicho a sus vecinos, familiares o amigos que "le colaboren" con una tarjeta porque la situación está difícil?

Pero las polladas no siempre sirvieron para resolver problemas familiares e individuales, como ocurre hoy. En la década de los 80 las polladas fueron consideradas como un asunto de interés colectivo en el que todos los vecinos participaban para la construcción de servicios asistenciales comunitarios. Cada familia recibía una cantidad de tarjetas, se vendían un mes antes y luego se recolectaba el dinero para comprar los pollos. Se hacían en coliseos y con grupos de música chicha. La organización estaba a cargo de mujeres que se iniciaban en esos menesteres. El resultado: la construcción de una posta o la implementación de comedores populares.

Aidee Mazoni, miembro de AFEDEPROM (Agrupación Femenina de Defensa y Promoción de la Mujer) y propulsora de los comedores populares de Comas, dice que muchos comedores surgieron con ayuda de estas actividades. "En un comienzo nosotras no recibíamos ayuda del Estado para comprar ollas y comida; nos ayudábamos con bingos y polladas. La posta Santiago Apóstol se construyó de esa manera. En este caso, el Gobierno aportaba una parte y la comunidad la otra."

Esta modalidad ha cambiado. Ahora es más privada. Las familias han limitado este ámbito a necesidades urgentes como el pago de estudios secundarios o superiores, el pago del alquiler, la bolsa de viaje o casos más graves como la compra de medicinas o el funeral de un ser querido.

Las polladas reflejan esa falta de oportunidad que tienen los peruanos para acceder a ciertos derechos básicos ausentes en la sociedad. Pedir la colaboración parece ser el penúltimo paso al precipicio de la mendicidad, ya que ser ciudadano con derechos está muy lejos de la realidad.
Don Félix no lo pensó dos veces y decidió, en el día del padre, hacer una pollada. Primero dijo que sólo quería celebrar este día con sus familiares; luego, a tanta insistencia, decidió contar la verdad. "Víctor, mi hijo, tiene diabetes y está en el Hospital Dos de Mayo. No tengo dinero para las medicinas. Felizmente, toda mi familia me está apoyando."

Vicky, muy apurada con las compras, dice que ella muchas veces hace polladas porque es madre soltera y no tiene trabajo. "Pero esta vez nos hemos reunido cien personas para ayudar a un amigo que tiene sida. A Papi, según los médicos, sólo le queda un año de vida, y queremos ayudarlo con las medicinas."

Lo mismo le pasa a Julián, que tiene tuberculosis y que ha encontrado que la única manera de sobrellevar su mal es que sus amigos lo ayuden con esta actividad.

Cuestión de creatividad

En estos tiempos las polladas han tomado nuevos rostros. No todas son iguales ni se hacen de la misma forma. Hace tres años doña Martha (42) vive de la venta de esta actividad, y pasa por las galerías de la avenida Abancay recogiendo pedidos. "Es más práctico vender de esta forma. Se gana más porque no sólo se vende en quincena sino cualquier día de la semana. Un día estaba sirviendo y cuando la cola ya estaba grande, me di cuenta de que no había traído el pollo. Mi hija, desesperada, fue a traer la olla. Menos mal que ya había cobrado."

La minipollada se utiliza para necesidades prácticas. Maritza compró dos jeans y una casaca con la pollada que preparó su madre y que vendió sólo a algunos amigos y familiares. Consiste en anunciarla una semana antes (de preferencia quincena y fin de mes) con diez personas, y en una reunión familiar se sirven las porciones al gusto del cliente. Tíos, padrinos, cuñadas y los más allegados están obligados a participar.

Liz (19) vive en Las Flores y es parte de una junta-pollada. "Somos veinte integrantes. Cada uno tiene que cobrar diez tarjetas. Luego, en el sorteo, se le da diez soles a la persona que le toca hacer la pollada y ella recibe toda la ganancia. El que no pudo cobrar tiene que dar de su bolsillo; ésa es la regla." Liz y su madre, Esther, están en la junta desde hace dos años y, según ellas, vender tarjetas es rentable.

Gajes del oficio

No todo es color de rosa con las polladas. Gloria y su hijo Fernando tienen un mal recuerdo. "Una camioneta se estacionó frente a la casa y dos hombres se asomaron a la puerta. Me pidieron diez cajas de cerveza y dos porciones de pollo. Los dos hombres entraron a sacar las cajas junto con mi hijo. Uno de ellos me dijo que ya le había pagado al muchacho. Pusieron las cervezas en la camioneta y se fueron. Fernando me preguntó por el dinero, porque él no lo tenía. Ahora tengo que pagar esas cajas robadas y, lo peor, hacer otra pollada."

Algunos dicen que esta actividad no es rentable, porque la ganancia no es segura. Además, colocar las tarjetas, arreglar la casa, gastar corriente y amanecerse tomando con los invitados demanda energía y tiempo. No está de más decir que incluso los que más ganan son los vendedores mayoristas de pollo. En uno de los 10 puestos del Centro de Acopio Acho, los sábados (fines de mes o quincena) se venden 400 pollos, y en días normales la venta sólo llega a la mitad. Sin embargo, parece que vender polladas resulta más económico que hacer parrilladas o anticuchadas. Un corazón de res cuesta seis soles, salen 12 palos y la porción se vende a siete soles (cada plato con tres palitos). De un kilo de carne (12 soles) pueden degustar seis personas, y la tarjeta no pasa de ocho soles, mientras que con un pollo de dos kilos (a cuatro soles el kilo) salen cuatro grandes y consistentes presas a seis soles la tarjeta. Además, con la pollada no se necesita parrilla ni carbón, y es más fácil cortar y aderezar.

El lado oscuro

A pocas cuadras de la avenida España, en Breña, el rock suena fuerte en una de las casas. En el segundo piso, una decena de muchachos toman, bailan y comen pollo. Mientras la música se confunde con el éxtasis, Dolki, el perro de la familia, lanudo y de buen carácter, sale tambaleante y parsimoniosamente de la cocina. De pronto, en medio de la fiesta comienza a dar vueltas sobre su mismo sitio y luego, sin más ni más, cae abruptamente. La cerveza que se había derramado en el suelo causó estragos en Dolki. Pero no sólo en él. Las drogas y el alcohol están presentes en mayor cantidad cuando se trata de polladas distritales o comunales en las que la Policía no se abastece para poner orden. Entonces surgen las peleas, el rompimiento de botellas, robos y violaciones. La rutina de las polladas también es cómplice de enamoramientos prohibidos. Jóvenes y no tan jóvenes que prefieren este tipo de reuniones para conocerse y, por qué no, tener un vacilón.

Lima, resplandesciente y oscura a la vez, llega a este nuevo siglo coloreada de resquebraduras con olor a pollo, esfuerzo y esperanzas. ¿Quién no ha probado una pollada por lo menos alguna vez en su vida?

Las Pichangas :)

Copio ésto de un Blog que encontré navegando por internet y que me pareció muy gracioso. Nuestra amiga blogera se llama: "Tatiana Perich" y tiene su columna en el Diario peruano "El Comercio", pueden encontrar el post original haciendo click Aqui

La pichanga, ¿enemiga o cómplice?

Me la presentaron un domingo por la tarde, cuando estaba en tercero de secundaria, en medio de una conversación telefónica: “Hoy no voy a poder ir a tu casa porque voy a ir al cole a jugar pichanga”. Me quedé indignada: “¡¿Prefieres ir a jugar que venir a vermeee?!”.

Mi limitado mundo de 14 años no entendía cómo eso era posible. Durante varios meses la bendita pichanga (a la que llegué a detestar y maldecir) fue motivo de un sinnúmero de peleas, y debo reconocer que ¡hasta sentí celos de ella!

A la fuerza, empecé a convivir con los domingos pichangeros: primero la pichanga y luego a mi casa; el susodicho llegaba cansado, sudado y cochino, y claro, obviamente sin muchas ganas de salir o de hacer algo, solo con muchísima hambre. O al revés, primero iba a mi casa, salíamos a hacer algo que no requiriera de mucho tiempo, como un helado al paso o algo así, o veíamos una película a medias, porque ¡¿cómo se va a llegar tarde a la pinchanga?! ¡Eso nunca!

Algunos años después vinieron los lunes y miércoles pichangueros, después los jueves pichangueros (ojo que hay que jugar varias veces a la semana porque cada día se juega con un grupo diferente de amigos ¿Es tan difícil de entender?), hasta que llegué a la conclusión de que cualquier día es bueno para jugar un partidito de fútbol (y es que también hay que pasar tiempo con los amigos, ¿no?).

¡Cuántas veces hice hígado porque me cambiaban los planes por una pichanga y cuántas veces he escuchado a mis amigas quejarse por lo mismo! No es drama ni capricho. Las pichangas me parecían una suerte de suegra antipática y metiche, de esas que son incapaces de aceptar que su hijito ya se casó y que tiene familia propia, de esas que se inmiscuyen en tu relación, provocan pleitos (muchas veces sin sentido) y hacen lo posible por engatusarlo para que pase más tiempo con ella que contigo.

Pichangas hay de todo tipo, no tiene que tratarse exclusivamente de fútbol. Esas son las más comunes, pero también las hay de básquet, voley, tennis y prácticamente de cualquier deporte existente. Y las que creen que se salvan del asunto porque su enamorado no es muy deportista que digamos, ¡se equivocan! Acuérdense de ese aparatito llamado PlayStation y de los juegos como el Winning Eleven que les permiten hacer realidad las fantasías que las leyes de la física -y su físico- les impiden.

Para que no crean que estoy siendo feminista y que me estoy yendo de boca en contra de una actividad que finalmente algo tiene de saludable (digo “algo” porque generalmente después de patear la pelota, correr y sudar, vienen las infaltables chelitas), hice un pequeño sondeo al paso entre los hombres que trabajan en la web.

La pregunta fue la siguiente: Es un día X por la mañana cuando un amigo manda un mail proponiendo jugar pichanga esa noche. Dice que ha separado la cancha, pero que todavía no está confirmada, que más tarde te avisa. Durante el resto del día no tienes noticias, así que haces planes con tu enamorada, esposa o chica-con-la-que-sales para verse después del trabajo. Justo cuando estás por salir de la oficina, te llaman diciendo que la pichanga ya está confirmada. ¿Qué haces?

Obtuve respuestas de todo tipo: hubo quien dijo que la pichanga siempre estará primero y otros, que le dan prioridad a sus planes con sus enamoradas; varios señalaron que todo depende del tipo de plan que hayan hecho, de qué tipo de chica se trate (si es tu enamorada, tu esposa, o alguien con quien “pasan cosas”. Si es de las últimas, entonces la calentura del momento es determinante), de cuántas veces ya la hayas choteado y de cuántas veces hayas faltado a la pichanga por ella.

Como no les puedo poner textualmente las respuestas (las que prometí mantener en el anonimato), porque sino el post sería más largo de lo que ya es, les copio la que me pareció más sincera, completa y la que me causó más gracia. Ahí va:

“¡¡¡De hecho que voy a jugar pues!!! O sea, a tu novia la ves todos los días, la pichanga es de vez en cuando. La cuestión es cómo cancelar a tu enamorada sin herir su susceptibilidad. La llamas, te haces la víctima y le dices: “Amor, no sabes, pucha, Luis recién me avisa que sí hay partido hoy. Si no voy me matan. Dicen que cuentan conmigo para ser justo ocho en el equipo. Yo quería verte, pero ya me comprometieron. Qué problema. Odio que me comprometan”. De esta manera me victimizo y ella piensa que no es la única afectada. De hecho ella odiará a Luis, pero no a mí. Lo peor que puede pasar es que ella se enoje un día. Nada que un beso o una cena no solucione.
Hay que quedarse con esta idea: Cuando uno tiene novia se rodea de momentos cariñosos, románticos y hermosos, y uno lo que quiere, por un instante, es pisar esas flores y ser un cavernícola más. Hombres jugando fútbol: golpes, insultos, patadas, empujones y claro, unas cervezas al final de una noche”.

… Y luego dicen que las mujeres somos las manipuladoras… ¡En fin!

Lo tengo claro: las pichangas son sagradas. Pero me fue necesario conocer más hombres, ser amiga, salir con algunos y estar con otros, además de muchísimas horas de análisis y conversa para finalmente aceptar que nunca voy a llegar a entender con exactitud qué es lo que significan. Lo más cercano a lo que he podido llegar es la siguiente analogía: esos seudo partidos de aproximadamente quince minutos son para ellos lo que para nosotras es una tarde de café y cháchara. ¿Puede ser?

Partiendo de esa premisa, ¿por qué no hacemos de las noches, tardes o días de pichanga, un momento para nosotras, para disfrutar con las amigas, para ir al gimnasio, al yoga, de compras o para ver tranquilas las películas que él siempre se niega a ver contigo? ¡Hay tantas cosas por hacer! Podemos aprovechar ese tiempo y convertirlo en algo positivo en vez de que sea motivo de pelea. Al fin y al cabo, una relación es buena y saludable cuando no es absorbente o dependiente y cuando cada uno tiene tiempo y espacio para hacer sus cosas, estar con sus amigos o simplemente estar solo, ¿no creen?

Entonces, ¿qué dicen chicas, seguimos haciendo esfuerzos necios en erradicar las pichangas o las incentivamos?

PD: Chicos, no se sientan excluidos sus opiniones son más que bienvenidas!

Lazo rojo para los Bebés (Contra el mal de ojo)

Ayer ordenando mis cosas encontré unas fotos de mis hnos y mia de cuando eramos niños, todo era diferente, diferente cuna, diferente cuarto, diferente estilo de ropa etc, pero los tres teniamos algo comun en la foto (aparte del obvio parecido fisico :P )

Los 3 teniamos un lazo rojo amarrado en la mano derecha, le pregunté a mi mamá solo para confirmar lo que pensaba...

ese lazo rojo se lo ponen a todos los babys para evitar el mal de ojo :) al parecer no necesariamente tiene que ser un lazo, pero si algo rojo :D y esto no pasa solo en perú, hasta donde pude investigar tambien se practica en otros paises de Sudamerica como Ecuador y Bolivia.
las tres regiones tienen sus creencias costumbres y tradiciones

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