
Escribo esta nota con la nostalgia de saber que un amigo peruano fue deportado al Perú. Estaba en su casa alistándose para ir a trabajar cuando alguien tocó la puerta y al abrirla, se encontró cara a cara con dos oficiales de Inmigración. Ellos estaban buscando a su "roommate", un mexicano, quien había sido notificado para que abandonara el país hace un año, pero al encontrar a Juan en ese apartamento, le pidieron sus papeles y vieron que estaban vencidos. Esposado sin mayor explicación fue llevado a Krome y después de dos meses después, se encontraba siendo escoltado hasta el avión que lo llevaría a Lima, sin equipaje alguno y con la misma ropa con la que lo habían detenido hace 60 días.
Su historia la comparte como muchos migrantes latinos en este país. Tuvo la oportunidad de conseguir la visa, pero luego de vencer su estadía de 6 meses decidió quedarse a sabiendas del peligro a que se expondría. Pudo obtener Social Security y su driver license y con ello trabajó como chofer para una tintorería en la ciudad de Hollywood. Juan rentó un apartamento, se compró su auto, siempre pagó sus impuestos, su crédito era perfecto, tenía una buena vida. Hasta tuvo la oportunidad de conseguir otro empleador que le propuso ser su socio en un negocio de chapistería. Pero, para su mala suerte, esa fatal mañana se encontraba en el momento en que la "migra" buscaba a su compañero de trabajo.
Juan, podía apelar. Si lo hacía, tenía que quedarse en esa cárcel un mínimo de seis meses y un máximo de ocho, y sus posibilidades de ganar eran 50/50; ¿Qué hacer?, ¿Qué opciones tendría?, ¿Debería esperar para comenzar un nuevo proceso?, o, ¿Irse? ¿Y su auto?, ¿Las cosas personales?; ¿Qué sucedería con todo eso? Las preguntas venían solas, pero al final decidió volver al país que no había pisado desde 1997. A pesar de tener un familiar que vivía en Nueva York, y que lo apoyaría en todo; la ansiedad, la ira y el dolor, -según sus propias palabras- lo mataban literalmente.
Al llegar al aeropuerto limeño, muchas preguntas revoloteaban en su mente : ¿Qué pasó con mi destino?, ¿Por qué sucedió todo? Otros lo hicieron y lo lograron ¿Por qué yo no?”. Muchas preguntas sin respuestas. La decepción y frustración, persisten pese a llevar ya más de medio año en el Perú. Juan, ya tiene empleo y el estar acostumbrado a un sueldo de más de 2,500 dólares mensuales y tener que ganar 900 soles en Lima, no ha sido fácil.
Ojo, que no estoy de acuerdo en que se trasgredan las leyes migratorias de este país. Todos debemos ver la forma de arreglar nuestra situación legal con un buen abogado de inmigración. Recordemos que EEUU nos dan la oportunidad de vivir y desarrollarnos como persona y eso todos los peruanos lo agradecemos. Lo que aquí se resalta es la vida de un migrante, con deseos de superación, que mandaba dinero mensualmente a su madre enferma, un joven trabajador, sano y humilde, que vivía a salto de mata y con la esperanza de no ser hallado por la "migra". Nuestros destinos tienen mil caminos, sin duda. Juan ya empezó el suyo. Suerte.
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