Vió a su padre acercarse despacio, atrás también venía su madre..hijo..escuchó que lo llamaba, y ya no sentía más sus manos que querían apretar las del viejo que demoraba mucho, no parecía sonreir, estaba triste, mamá.. gritó desesperado..y su voz retumbó helada, estremeciéndolo, pero ya no sentía miedo..
Esa tarde la pasó con Juanita, no fue a la oficina y había dejado órdenes expresas que lo llamaran a su celular sólo para algo urgente o importante.
Salió temprano, en su Cherokee, como cualquier día, no se despidió de sus hijos ni de su mujer que todavía dormían.
Ya en el Turnpike, puso chicha clásica, antigua y miraba a los otros vehículos al mismo tiempo que pensaba en su barrio, las mujeres, sus aventuras.
Conoció a Rosa Amelia en la academia de preparación universitaria, se hicieron amigos, luego enamorados, novios, y finalmente se casaron en tiempo record, habían sido felices o intentado serlo ?, se preguntaba siempre y sus respuestas variaban conforme le iba en la semana.
Sus hijos ya eran hombres y trabajaban, solamente el último batallaba con su esperanza de ingresar a la academia de policía. Rosa Amelia se refugiaba en ellos y cada vez más se apartaba de él y lo hacía sentirse un extraño, a quien hablaban unicamente cuando tenían que pagar algún bill.
Entre los chicos, una mujer que no existía, y su agencia de viajes, envío de dinero y remesas al Perú, tenía preocupaciones suficientes para caer en el stress, la depre o pensar en el suicidio, se dijo sonriendo. No podía imaginar un mundo sin él, qué sería de los muchachos si apenas están dando sus primeros pasos en la vida y me andan pidiendo unos pesos a cada rato ..Viento vuelve a ser como ayer…repitió la vieja canción del Grupo Celeste que lo devolvía a Malambito, a la cara de Gloria y sus amigos achorados, tanto tiempo pasó..Y ahora estaba aquí, olvidando sus tres intentos fallidos de ingresar a la Villarreal, sus conexiones con el Partido Aprista gracias a su primo Balbuena que ya era dirigente, si Alan vuelve al poder todo va a cambiar allá, pensó, talvés pueda darme la oportunidad del regreso y terminar mis días en mi patria..pero le dijo no a la idea..
Su camioneta entró veloz por la Market street, observó las tiendas, los restaurantes cerrados y los fumones que deambulaban insomnes, dicen que Paterson se parece al Callao, así dicen.
Al fin en una esquina, como si esperara el bus, vió a Juanita, estaba con un blue jean y una blusa blanca, sus labios rojos resaltaban en su rostro hermoso..
Antes de subir, miró a todas partes, en el grupo que aguardaba en el mismo bus stop, habían afroamericanos, unas viejas peruanas y algunos filipinos que llevaban handbags, parecian obreros de construcción.
No hubo besos. Porqué te gusta venir aquí, no ves que esto es un ghetto ?, que corres peligro ? Juanita lo observó un segundo, después dijo yo creí que eras más inteligente, y eres un tarado, no sabes que Joao nunca caminaría en esta zona ?, le tiene pánico a los prietos, dice que ya lo han robado varias veces y no quiere ni pasar por esta calle, tenía temperamento, era distinta a su hermana.
Juanita, dueña de todo, buscó el porta cd’s, sacó uno, lo introdujo en el player del carro, y escuchó a Frank Reyes cantar "vine a decirte adiós, me voy a otra tierra..no sé cual es mi rumbo..".Rieron.
Su cuñada no era una mujer monumental pero tenía el encanto de las peruanas y el embrujo de las gringas, se había criado en Fort Lee, no en Paterson, donde se mudó al casarse con aquel portugués viejo, dueño de varias licorerías.
Aquí la había conocido hace diez años,al venir a este país,cuando estaba soltera, pero en esa época él andaba preocupado en trabajar,compartir turnos y ahorrar para salir de esos pequeños campos de concentración que son los warehouses, tenía el sueño del negocio propio y trataba de buscar relaciones en la venta de pasajes y afines.
Y así un día se vió en su agencia, le tocó poner lo que tenía, pedir prestado, empeñar hasta la camisa y lo logró.
Rosa Amelia, su esposa, a pesar del éxito que tuvo y que les iba bien, no quiso dejar su empleo y los hijos seguían atendiéndose solos, muchas veces lo llamaban para que les envíe comida, y pedía un delivery que pagaba en su oficina y entregaban en su casa, ya estan grandes ahora, respiró tranquilo.
Siempre llegaban al mismo motel, se quedaban todo el día desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde, a veces llevaban cerveza, no comían, conversaban, apagaban el televisor del cuarto y las luces, conectaban el boom-box, y se sentían transportados al Perú mientras se despojaban de las ropas, olvidando que eran cuñado y cuñada,en esos instantes la vida se quedaba afuera.
Muchas veces bailaban desnudos, apretados y las horas se iban imparables como las pasiones, y en eso no tenía nada que ver la diferencia de edades.
Así había sido desde la primera vez que esto pasó cuando Juanita le pidió prestado para reponer lo que había gastado en el shoppping mall y que su marido tenía dispuesto para la semana, y al darle el dinero él cogió sus dedos, sin intención, y recibió a cambio una risa suave, coqueta.
Eran amantes y las cosas las habían hecho bien, ya tenían casi dos años de estos encuentros y cuando se reunían con la familia actuaban tan natural que nadie, ni el mejor investigador podría sospechar.
De pronto terminaron los recuerdos, como cuando sale "the end" en las películas del viejo oeste.No tenía miedo, estaba tranquilo.
Su padre y su madre lo abrazaron, seguía tirado en el asiento, la puerta de su jeep estaba abierta y la sangre manchaba desde el timón hasta el piso, cada vez más gente miraba el escenario de esta nueva tragedia, y las sirenas que podían ser policías o ambulancias lo aturdían, pensó en Juanita y se dió cuenta que estaba tendida, quejándose, con la blusa blanca manchada de sangre también.
Lo rodearon los paramédicos, tenía tres balazos, uno en la frente, otro en la mano y el tercero en el pecho, vió a sus hijos en imagenes que le daban pena por no poder estar más con ellos, quiso pedirles perdón, ni se acordó de Rosa Amelia, mientras que sus padres lo agarraban, parecían llorosos..escuchó que Juanita decía fue mi esposo, se llama Joao..y expiró. Luego se fue con papá y mamá, caminando lentamente.
Victor Munguía, 2006
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