Hoy se celebra el combate de Angamos. Y para ser sincero, tuve que usar a San Google para que me lo dijera. En realidad, sabía que algo importante pasaba hoy, pero no estaba seguro exactamente de qué. La inmaculada concepción? No, esa es en diciembre. No, algo pasaba hoy, que me daba felicidad porque era el único feriado de octubre y generalmente hacían puente en el colegio. Hasta que dí con el glorioso combate de Angamos. Todo Angamos. Habla vas?
Creo que el combate de Angamos, junto a la batalla de Arica, son las fiestas nacionales más recordadas cuando uno está en el colegio. Irónico, porque ambas las perdimos. Pero ahí están los profesores para recordarnos que nuestros héroes estuvieron ahí para demostrar la valentía y el honor de los que defendían a nuestra patria. Por siaca. Que no se les olvide.
Ya el tiempo le enseña al joven a desilusionarse sobre los héroes y las guerras y sobre la mayor parte de la historia contada en el colegio, la cual algunos dicen, está adornada y retocada para sembrar la semilla del patriotismo dentro de las jóvenes mentes. Particularmente, no estoy seguro de que dé mucho resultado.
No estoy aquí para apalear a Miguel Grau. No. Al contrario. Quiero rescatar a Miguel Grau de las sombrías aguas que ahogan los ideales a punta de maretazos de realidad histórica. Analizandolo bien, Grau fue un buen peruano. Veamos por qué.
Una de las primeras cosas que recuerdo de Grau es que de chico viajaba en un barco mercante, que al poco tiempo se hundió. Yo tengo que aceptar que si estoy viajando en un barco a los 9 años y este se hunde, lo último que hubiera querido habría sido dejar de pisar tierra firme. Pero el pequeño Grau no fue así. El se cerró, se entercó y no dejó que la adversidad lo alejara del mar. Cholo terco, que le dicen.
Con el pasar de los años Grau iría ascendiendo de cargo, hasta llegar a ser “Comandante de Navío”, que es donde lo encuentra la guerra con Chile. Si existe un hombre invisible allá arriba que está controlando todo, me da que pensar que se la tenía jurada a Miguel. Porque venir a declarar una guerra en la que el dominio marítimo es crucial cuando uno es “Comandante de Navío” es ciertamente ser más salado que calzoncillo de pescador.
Pero bueno, reconozcamos que el tipo no lo hizo mal. Grau hizo lo que pudo, mantuvo a raya a los enemigos (porque en aquel tiempo Chile sí era un enemigo) con una reducida armada. Grau aprovechó los limitados recursos que tenía, usando además la geografía del lugar. O sea, un maestrazo del recurseo. El gobierno te jode y no te ayuda? Caballero nomás, a recursearse. Y Grau lo hizo bastante bien, porque cualquier otro, si mas tonto, sale a pelear como bueno y le dan vuelta, o si es más vivo, no acepta.
Pero Grau estuvo en otra categoría. Aun con los pocos recursos que tenía ,se las agenció para atacar no a los acorazados y fragatas de guerra, sino a los barcos transporte. Vivanquísimo hasta no más, saber hacer la jugada cuando sabes que vas a ganar.
Y aquí viene una de mis favoritas. Durante la batalla de Iquique, se da el lujo de salvar a los náufragos chilenos, lo cual le vale el nombre de… ajá, ese, que tanto repetimos por todos lados y que solo por eso, no voy a poner aquí. Fuera del honor y altruismo que el asunto conllevó, Grau se las agenció para quedar bien con todo el mundo. No importaba si moría allí o si moría de viejo. Ya el acto de rescatar a los náufragos enemigos le valió el quedar bien parado en caso de que algo saliera mal. O sea, alguien que tiene un plan B a la mano.
Incluso se dio el lujo de hacerle el habla a la esposa de su enemigo. Gilero encima. Pero con honor, que no se les olvide. Con mucho honor.
Pero finalmente, algo que lo hace muy peruano, tan peruano como todos nosotros y tan peruano como una camiseta de la selección. Grau jugo bien, jugo con honor, jugó con todas sus fueras, jugó dando el todo por el todo. Jugó bien. Pero perdió.
Sé que esto no se ve como una oda a Grau y que de haber querido declamarlo en el colegio me habrían expulsado. Mucho menos es un total insulto a su persona. Es simplemente reconocer y en cierta forma rendir tributo bajo una perspectiva actual, al hombre heroizado que, después de todo es tan humano, y tan peruano, como cualquiera de nosotros.
Etiquetas: perú
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