Los peruanos no soportamos que uno de nosotros destaque en lo que mejor le salga, porque entonces deja de ser uno de nosotros y se convierte en un enemigo al que debemos aniquilar, pues su sola existencia nos recuerda lo mediocres que somos. Es el caso de Mario Vargas Llosa, un peruano que a costa de enormes esfuerzos, talento, disciplina y coraje se ha ganado un puesto entre los más notables intelectuales del mundo actual. Vargas Llosa, además de literato, es un hombre preocupado por lo que ocurre a su alrededor y nunca ha vacilado en estampar sus opiniones en los artículos y ensayos que publica regularmente. No siempre estaremos de acuerdo con él, pero eso no resta validez a su actitud ni calidad a su producción literaria.
Cuando me topo con escritos fabricados para destruir la reputación de Vargas Llosa, suelo leerlos por encima y sigo adelante. Pero las gotas se acumulan y una de ellas rebalsa el vaso. Me acaba de ocurrir. Esa gota final -de idéntica calaña que las demás- la encontrarán completa aquí:
http://icci.nativeweb.org/boletin/57/sarango.html
Voy a citar algunos pasajes especialmente ridículos o malignos (en realidad prácticamente todos lo son), acompañados por mis observaciones.
«Dicen que su vocación de escritor, “surgió como una rebelión contra la autoridad paterna”. Era entonces este, un niño psicológicamente normal?.»
He respetado la mala puntuación del autor, un tal Luis Fernando Sarango M. Y aquí tenemos la clásica descalificación del ser humano cuyas ideas pretendemos reprobar. Aunque, pensándolo bien, en este caso es un recurso permisible porque el señor Sarango no debate ideas, y en cambio da rienda suelta a sus dotes de calumniador furtivo. Lanza dardos envenenados y afirmaciones gratuitas, mas no argumentos verdaderos. Todo su artículo no es más que una “atmósfera” denigratoria. La frase citada es un primer ejemplo: ¿es tan extraña la rebeldía contra el padre (contra un mal padre en este caso, pero Sarango no lo dice) que sólo puede sospecharse de la salud mental de quien la manifiesta?
«Se sabe que realiza estudios superiores en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, donde obtiene una Licenciatura en Letras, luego, se traslada a España en 1958 con una beca de estudios y obtiene un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Desde entonces y hasta el año 1974, prácticamente sus lugares de residencia han sido las ciudades europeas de París, Londres y Barcelona; es decir, ciudades del mundo desarrollado. Mario Vargas Llosa, en el año 1955, se casa por primera vez con su tía política Julia Urquidi y en el año 1965, contrae su segundo matrimonio con su prima Patricia Llosa. Cada vez que contrajo matrimonio, como es de esperarse, viajaría siempre a su añorada Europa.»
Este párrafo no tiene pierde. Está construido de tal modo que el lector incauto (que no ha leído a Vargas Llosa ni lo leerá pero que está pronto a ladrar a coro) se diga: Sí, pues, este señor ha vivido casi toda su vida en Europa y, “como era de esperarse” (¿por qué?), se muere por permanecer allá (¿por qué?).
«En 1963, publica la novela “La ciudad y los perros”, con la que se da a conocer internacionalmente y obtiene varios premios, constituyéndose -según la “crítica especializada”- en una verdadera “figura” de la literatura latinoamericana. Es un escritor sin lugar a dudas, no en vano ha sido galardonado con muchísimos premios y distinciones, en su gran mayoría de España, Italia, Francia, Suiza, Israel y Estados Unidos entre otros, todos países del mundo desarrollado, pues hay muy pocos países latinoamericanos que le han premiado, estando dentro de ellos como es obvio su natal Perú, la Argentina y otros.»
Otro párrafo que vale la pena leer completo. La “crítica especializada”, entre las comillas de Sarango, no lo será tanto, ni Vargas Llosa será una “figura” literaria legítima. Los premios recibidos por el novelista tampoco han de ser muy legales que digamos, porque han sido otorgados en “países desarrollados”. En cambio, en Latinoamérica sólo en el Perú, Argentina y “otros” ha encontrado reconocimiento. Sarango se calla en siete lenguas que Vargas Llosa recibió el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos en 1967 en Venezuela por su novela La casa verde, que fue nombrado ciudadano honorífico de Asunción, Paraguay, en 1998 y que ha recibido distinciones e invitado a diversas ceremonias académicas en México, Chile, Colombia y Uruguay, hasta donde puedo recordar. Sarango calla astutamente también que los premios, doctorados honoris causa y demás reconocimientos efectuados en el “primer mundo” partieron en su mayoría no de los gobiernos de esos países, sino de instituciones educativas de altísimo prestigio y solvencia académica.
«Un fenómeno que es típico de los neocriollos latinoamericanos y que consiste en la involución ideológica, tuvo lugar también en el pensamiento de Mario Vargas Llosa, sus biógrafos sostienen “... que ha virado de una izquierda con visos sartreanos a una tendencia cada vez más conservadora…”. »
Para el señor Sarango y para cierta cepa de izquierdosos neoindigenistas los seres humanos no tenemos derecho a cambiar de pareceres. No entienden que el fanatismo y el rigor mortis mental es cosa de ellos solitos. Y llaman “involución” o “retroceso” ideológico a un cambio que no los complace. Y, de paso, inventan denuestos como “neocriollos”. Así qué fácil, ¿no?
«Algo que los especialistas no han preferido profundizar en Vargas Llosa y no han querido esclarecer, es la escandalosa derrota electoral sufrida frente a Alberto Fujimori en 1989, como candidato a la Presidencia de la República del Perú. La maquinaria propagandística y las encuestas electorales lo señalaban como seguro Presidente del Perú; sin embargo, de nada le sirvió la impresionante campaña electoral que desplegó con su denominado FREDEMO (Frente Democrático) al puro estilo del Partido Social Cristiano en el Ecuador, derrochando dinero, comprando votos con camisetas en los barrios suburbanos indigentes y forzando sonrisas para las cámaras. Luego de esta derrota, viaja a España y allí, le consuelan otorgándole primeramente la ciudadanía española y en segundo lugar nombrándole miembro de la Real Academia Española.»
Sí, qué fácil es despistar a un público que no lee ni un libro por año. Vargas Llosa analiza su derrota electoral con sobriedad y juicio crítico en El pez en el agua. En cuanto a las sonrisas forzadas y las camisetas, ¿es que no es moneda común entre los políticos? ¿Es que alguno sonríe con sinceridad? Vargas Llosa no es un político “profesional” ni tiene el aguante ni el cálculo de uno. Él mismo lo ha dicho varias veces. Él mismo, además, ha reconocido los excesos de la campaña mediática del FREDEMO. La cuchillada final del párrafo es típica de estos seudointelectuales de panfleto: en España nombran a Vargas Llosa miembro de la Real Academia de la Lengua para “consolarlo” de su derrota electoral y no por méritos suficientes. No vayan a creer otra cosa los ilusos, ¿verdad?
Lo que sigue es muy largo para citarlo en detalle pero puede resumirse así: Sarango cita declaraciones de Vargas Llosa sacadas de contexto para demostrar que el novelista es un anticolectivista furioso, un racista confeso (según Sarango, lo fue siempre) que intenta destruir la civilización y el recuerdo de lo indio en Latinoamérica.
Sarango llega al extremo de llamar literalmente “perverso” y “desquiciado” a Vargas Llosa, un sujeto “tremendamente fascinado de las bondades que le brindan las ciudades del primer mundo y en consecuencia ignorante de la realidad latinoamericana –porque viene a ella sólo como turista…”. Este panfletero parece creer que nadie puede conocer una “realidad” (concepto escurridizo) si no está presente físicamente en ella todo el tiempo. Semejante criterio parte de una idea pobrísima de los poderes de la mente humana en general y de la literatura en particular, a saber: que se aprende más en “la vida” que en los libros, en las consignas políticas que en el estudio y la comparación, y que la literatura tiene por única meta producir reportajes exactos de la “realidad” que sirvan de arengas “revolucionarias”. Una idea pobrísima y equivocada, como puede comprobar quien lea algo más que manuales izquierdosos y piense un poco por su cuenta.
Vargas Llosa, como se sabe, se decanta a favor de las sociedades que permiten el desarrollo del individuo. De allí su desconfianza ante los esquemas colectivistas, que en algunos casos pueden resolver los problemas básicos (alimentación, techo) pero cuya perfección funcional es la del hormiguero o la colmena de abejas, sin lugar para el cambio, la memoria fidedigna del pasado o el desarrollo intelectual de sus integrantes. Al mismo tiempo, Vargas Llosa siempre ha denunciado los excesos del neoliberalismo, como puede leerse en textos anteriores a su incursión en la política (por ejemplo, en Contra viento y marea). Y si nuestro novelista prefiere las “bondades” que le brindan las “ciudades del primer mundo”, no es porque sea un racista ni un esnob, sino porque son lugares en los que la profesión de literato es respetada y bien suministrada por el entorno cultural. Algo que la gente como Sarango -hipócritamente las más de las veces- da la impresión de menospreciar.
Termina su artículo el señor Sarango clamando que Vargas Llosa es un “instrumento” del neoliberalismo, un pseudoescritor de fama inventada por sus amos multimillonarios, un racista y un panegirista del genocidio, pues, siempre según Sarango, cuando Vargas Llosa habla de derrotar a los ideólogos del colectivismo esgrimiendo “buenas ideas”, “seguramente [éstas] serán las armas, pero no lo dice”.
Lo triste es que tantos peruanos de toda clase y condición, sumidos en la niebla conceptual del analfabetismo funcional (o sea, del que sabe leer y escribir mínimamente pero no lee casi nunca), haga eco de las calumnias desfachatadas de gente como este Luis Fernando Sarango, cuyo resentimiento es tan grande como su insignificancia moral e intelectual. Mario Vargas Llosa es un hombre de letras admirable porque, más allá de sus defectos personales (¿quién está libre de ellos?), ha sabido hacer de su pasión por la literatura un modo de vida productivo. Es además un intelectual honesto y agudo. Mario Vargas Llosa encarna el tipo de ejemplo que la mayoría de peruanos no tiene por tal.
Escribo esto por humana reacción. Vargas Llosa no necesita que nadie lo defienda. Y si los peruanos no sabemos reconocer su enorme valía, pues nosotros nos lo perdemos.
Etiquetas: llosa, mario, vargas
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