
A lo largo de la historia en nuestra caja boba, nos hemos acostumbrado a modelos femeninos, algo añejos, pseudo sofisticados y con algunas buenas medidas de cintura, por supuesto, desajustados a nuestra vida cotidiana. Algo para dibujar en el papel que desenvolvieron nuestras “Reinas de Mediodía”, en los hogares peruanos a lo largo de por lo menos casi 20 años.
Antes solo escuchábamos el himno nacional a las doce del mediodía, hasta que el color, la tersura y la alegría pre–fabricada de nuestras laboriosas “señitos” pintó la pantalla chica. En el país -o en el cerebro de algunos productores de televisión poco creativos-, existe una fijación por dicho horario, mucho protagonismo estelar es el que aspiran algunas presentadoras del medio, pues se cree, que estar al aire a mediodía, es haber alcanzado la cima en el espectro público.
¿Qué tendrá de mágico el sonar de doce campanadas?, al parecer, la respuesta obedece al efecto somnífero (mentalmente hablando), que el comenzar de la tarde nos ofrece, pues el público objetivo más vulnerable son las amas de casa de barrios populares y por ende, los niños que llegan de estudiar y se sientan a la mesa para almorzar, entonces, puedo decir, que gran parte de nuestro pueblo consume televisión a esa hora por inercia o porque quizás en esos hogares no existe el control remoto para cambiar de canal.
Mi hipótesis podría pisar los escenarios de lo humorístico, pero televidente, pregúntese qué hace usted entre 12 y 2 de la tarde en casa cuando los niños llegan del colegio, o cuando ingresa a un restaurante en Lima y no le queda más remedio que tragarse programas como “Lima Limón” porque la propietaria del establecimiento no tiene cable.
Gisela Valcárcel fue el primer estallido de “señito”, rubicunda, habladora y con cierto sabor social, motivo por el que se convirtió en heroína de la infelicidad de muchas y en casos mas graves, en una especie de “modelo” de mujer peruana. Lo último es lo más atroz que le escuché alguna vez de la boca de algún “líder de opinión” mediático, ya que dicha presentadora de televisión pasó de pisar los caminos del vedetismo y el escándalo amarillo, a mutar y convertirse en toda una representante del arribismo, dictadora de la doble moral que con una sonrisa de technopor conquistó las mentes –televidentes- a colores de miles de seres en este territorio.
Coincidentemente, existieron algunos otros casos, con más o menos notoriedad como el de Jeanet Barboza o July Pinedo, que –al igual que la “maestra”-, sonrieron de oreja a oreja por cualquier tontería en pantalla y regalaban amor a las mamis en cada llamada telefónica. Sin embargo, la suerte no estuvo de parte de las mismas, ya que el maligno rating se las pasó pedazo a pedazo sepultándolas al ritmo del control remoto. Ya de aquellas no queda nada, sólo un tonto recuerdo a mediodía.
Otros vientos soplaron por nuestras pantallas, remolinos de nueva dictadura y protagonismo multicolor de papel adornaron nuestras calles, pues entre el SIN y el “Baile del Chino”, se engrandecían con fervor popular las nuevas protectoras de las mujeres golpeadas, las madres decorativas de niños de la calle, Mónica Zevallos y Laura Bozzo irrumpían en la pantalla dando “consejos” y ofreciendo 20 soles para que usted televidente, vaya a lamerle las axilas a cualquier hijo de vecino.
La “Suavecita” con cara de inocencia ensayada y la Bozzo con lengua larga vomitado caca, animaban nuestro mediodía mientras que la dictadura amasaba millones extirpados de nuestros bolsillos, pero vaya, mucho se ha verboseado sobre el asunto que lo único que nos queda, es agradecer a Dios que nos libró de tanto terrorismo audiovisual.
Ahora, luego de haber adoptado al “cholo” patriarca, mercachifles de la democracia y admirador de Jonnie Walker, el mismo que nos trasportó retrospectivamente al maravilloso mundo de la corrupción e ineficiencia gubernamental de aquella década de los 80s celebrada con apagones, coches bomba y dólar muc. Y Para esta ocasión, recordaremos a princesillas de mediodía como la edulcorada y vigente Laura Huaracayo –construida para mamis cool-, que intentan apoderarse de nuestra distracción entregándonos un carrito sanguchero para usted vecina de Pamplona o el llanto de una madre para mantenernos estúpidamente sensibilizados frente a nuestro televisor, de repente: “consejos para atrapar a tu marido”, dicta el guión.
En suma, con esta frecuencia no nos vamos para arriba, ya que siempre en nuestras vidas existirá una “Reina de Mediodía”. Amigo televidente: así es la vida, confórmese mediocremente y retoce sobre su sillón, vuélvase un inválido mental más o simplemente, destruya su televisor…
Escribe: Carlos Huamán
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