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For the past 70 years, this mythic bar located in the seaside district of Barranco, which from the outside seems plain and unassuming, has been a focal point of Lima's nightlife. Since 1939, it has been run by Juan Casusol, Juanito; and now his sons, Juan, Rodolfo, and César.

Juanito Bodega Bar has hosted painters, poets, writers, singers and musicians, students and insomniacs, and anyone else eager to find a place to have a drink, a long conversation, and sample the house specialty: smoked pork sandwiches, prepared according to a secret recipe.

Located facing the main park of Barranco, this bodega bar (reminiscent of bars in Spain) was originally known simply as the Bodega del Parque and was founded when Barranco was still connected to central Lima by streetcar.


As a young man in his 20s, Juanito was a waiter at the bodega bar when he took over.

The story goes that the original owner, an Italian, one day got tired of running the business and offered Juanito the business. Little did Juanito know that this bodega bar would become such an entrenched part of Lima's, and his own family's, history. In a 2003 interview in Correo newspaper, Juanito says he paid 9,000 soles for the locale.

In the same interview, Juanito claims he doesn't recall how this humble bodega bar became legendary among Lima bohemians. But over time, writers and poets began to frequent the place, drinking wine in smoke-filled rooms and engaging in long intellectual conversations.

A lifelong fan of the soccer club, Alianza Lima, the bar is a focal point when Alianza plays, and when the World Cup arrives every four years, it is a standing-room-only crowd. He and his sons leave the bar in good hands while they head to wherever the games are being played.


Sánguche de jamón del país with Anís del Mono, a classic treat.

The house specialty, a pork sandwich, is made with smoked roast pork which is then slowly cooked in a secret seasoning that gives it a unique flavor. It is always served with salsa criolla, a mixture of onions, tomatos, and rocoto. The recipe for Juanito's pork is considered one of Barranco's best-kept secrets.


Juan Casusol, Juanito

Rodolfo Casusol, Don Juan Casusol and Fernando Romero

In his 90s, Juanito is no longer involved in the day-to-day operations of the bodega bar, but still goes there every day. The bar opens daily at 11 a.m. Juanito usually arrives around noon. He sometimes gives orders to the waiters, checks accounts, and then rolls up his shirt sleeves to cook in the kitchen. The bodega bar is his social life, and every day friends and family members drop to visit and spend time with this Barranco patriarch.

During our visit to Juanito Bodega Bar, we had the good fortune to meet Juanito; as well as, to sample the very tasty pork sandwiches, sanguáche de jamón del país, which we ate accompanied by Anís del Mono, a sweet anise-flavored liqueur imported from Catalonia, Spain.
Posted by Alejandro - PeruFood


Juanito Bodega Bar
Tradición Barranquina desde 1937
Avenida Grau 274, Barranco


Juanito a sus 90

Famoso bar y su dueño: mismo nombre y gran pasado

Retrato del clan. Juanito flanqueado por sus hijos Juan, César y Rodolfo y caricatura de los cuatro
Casusol no pudo evitar acercarse al individuo y tumbarlo de un cabezazo, terminando así la pelea y demostrando, de paso, que el cliente no siempre tiene la razón.
Es gata, tiene trece años e ignora las referencias futbolísticas de su nombre: Alianza. Desparramada a sus anchas en el piso, intuimos, por su actitud, que considera este lugar parte de sus dominios, algo que le da derecho a lamerse las patas traseras frente a cualquier visitante. Juan Casusol no es un visitante más. Alianza lo sabe y responde con un ronroneo a la sonrisa cómplice de su amo, además dueño y señor del Juanito, el mítico bar-bodega, que es y ha sido desde hace 60 años punto de encuentro de poetas, trashumantes, pintores y felices ociosos sin culpa, amantes de la noche barranquina y del tradicional jamón del Juano.
Juan recuerda los primeros tiempos de su negocio y de cómo Barranco era entonces un distrito sepulcral e inhóspito para quienes viven el día sólo como un pretexto para esperar la noche. Su memoria parece no percatarse de que tiene 90 años recién cumplidos. Los detalles empiezan a fluir, mientras Juan se sienta en una de las sólidas sillas del Juanito, que han sostenido tantas noches el peso leve de Julio Ramón Ribeyro o que soportan hoy la más pesada masa de Enrique Polanco, el pintor, o de Susana Baca, la cantante.
En 1939, cuando el local pasó a manos de Juan Casusol, la vida nocturna de la zona era una quimera. El sonido del tren era lo único que violentaba el silencio de la noche. Entonces se llamaba “La bodega del parque”, por su cercanía a la plaza central de Barranco y Juanito era sólo un empleado del propietario, un italiano de apellido Queirolo, que, un buen día, cansado del negocio, le planteó a su joven camarero el traspaso del local. “Pagué una inicial de 9,000 soles en junio de 1940, a pesar del terremoto de mayo que había causado algunos daños”, dice orgulloso.
De cómo las noches del Juano se convirtieron en leyenda entre los nuevos bohemios de Lima, Juan no está muy seguro. Pero los rostros de la vieja guardia intelectual fueron haciendo suyo el lugar, entre vinos, cervezas y risas. El perfil noble de Martín Adán, solitario en una mesa o el de Ribeyro con la copa de vino en una mano y el cigarro en la otra, o el de Alfredo Bryce, locuaz y bullicioso, se agolpan en la mente del amable anciano.
Pero en esas interminables noches, la buena educación a veces desaparecía.
—“Maricón”, le gritaron una noche a Juanito. El procuró ignorar al agresor. Pero el borrachín fue tan persistente que Casusol no pudo evitar acercarse al individuo y tumbarlo de un cabezazo, terminando así la pelea y demostrando, de paso, que el cliente no siempre tiene la razón.
Pero dentro de la historia del Juanito, el fútbol es materia obligatoria. Alianza, quien ahora duerme plácida y ajena, es la peluda demostración. Se ha dicho incluso que los chicos Casusol –Juan y sus tres hijos– mantienen el negocio para poder viajar cada cuatro años a donde la FIFA disponga. Salvo por el mundial de Argentina 78, –al cual solo viajaron sus hijos–, Juanito no perdonó uno solo, hasta el último, el híbrido aquel de Corea-Japón. “Ese fue inalcanzable para las finanzas”, se lamenta Juan, quien promete pelear por la revancha en Alemania 2006.
El itinerario de Juanito
Esperábamos la luz de las cuatro para las mejores fotos. El sol, que no había llegado ni a las 12, obviamente, nos dejó esperando. Sin embargo, Juan Casusol ha optado por la vía sana de no preocuparse por nimiedades. El llega a su negocio sonriendo, dejando las nubes afuera. Posiblemente le basta con aquello que muchos seres con aspiraciones místicas llaman luz interior y que él, sin duda, posee y regala a cada paso.

Nuestro encuentro concluye casi entre susurros. Así le gusta hablar a Juanito. En cada pausa casi podemos oír a la pareja de turistas de al lado que engulle con ferocidad un par de sánguches de jamón, la especialidad absoluta de la casa. “Compramos el jamón ahumado y lo cocinamos a la olla”, confiesa Juan. Luego entra a tallar un aderezo que lo hace inigualable en toda Lima y que, lógicamente, sigue siendo el secreto mejor guardado de Barranco.
La tradición del patriarca
Ahora, aunque la situación económica apriete, para Juan los tiempos de trasnochadas y madrugones sólo están para el recuerdo. Sus hijos: Juan, de 56 años, Rodolfo, de 50, y César, de 48, han heredado la responsabilidad de velar por el negocio. Ellos llegan temprano para organizar el día y a las once de la mañana todo está listo para la atención al público. El patriarca ingresa sonriente al mediodía, da indicaciones a los mozos y evalúa las cuentas. Luego se remanga la camisa y se pone a cocinar, pero no para la clientela, sino para su familia y el personal del establecimiento. “Es una costumbre que tengo de años, por lo general vienen mis nietos y preparo el almuerzo para ellos, mi especialidad son los tallarines en salsa roja”, asegura.
La casa, antes de nuestra partida, generosamente nos ha invitado uno de sus míticos sánguches de jamón. Quien escribe se atreve a pedir que no le echen cebolla.
Juanito sugiere, como quien ordena pero de manera amable, “con cebolla es mejor, sobre todo si el jamón está bien saladito”. Minutos después de haber dado fe de que su recomendación fue un regalo al paladar, un grupo de niños y adolescentes ingresa. Son siete de sus veinte nietos que llegan a comer. Así dejamos al Juanito al atardecer, con bulla de tribu familiar, despidiendo olores de fritanga que hacen salivar, con colores distintos a los que esperan a este bar que parece, como muchos de sus clientes, vivir el día sólo para esperar la noche. Alianza se ha dignado a maullarnos por fin.
Diario Correo 2003

El Juanito de Barranco: más que un bar
Tradición sin edad


Por Fernando González - Olaechea Troysi

Don César, a pesar de que le faltan manos para preparar los sánguches, tiene una sonrisa en el rostro. Es la sonrisa que nace por sentirse en casa, en familia. Sonríe porque está cómodo. Mientras, siguen saliendo los de jamón serrano... Y uno de asado sin cebolla, por favor.

La bulla de las conversaciones, las manos que aparecen y desaparecen del mostrador, y el vaivén de un bolero que se pierde en el aire son amistosos. En pleno corazón (con taquicardia) de Barranco se encuentra esta tranquila 'bodega-bar', como la califica don César, uno de los herederos de Juanito Casusol, el fundador original, quien abrió este local aislado del tiempo, allá por 1937.

Desde aquellos años, se mantienen las mesas de madera y la decoración, también de madera, bajo las vitrinas que guardan todo tipo de tragos, desde ron y vino hasta pisco y vodka. Pero los que se llevan la ovación de pie son los sánguches. Sánguches como Dios manda. Sánguches de jamón serrano, de jamón del país, de aceitunas, de queso, de asado y de pejerrey. Sánguches que, al igual que el pisco, son tan antiguos como vigentes.

Siempre se puede ver a alguien en la bodega, sea en la mañana o de madrugada: entre sus parroquianos se pueden encontrar desde un quinceañero hasta un abuelo que se sienta a leer sin prisa. Las puertas parecen estar siempre abiertas y, de hecho, casi siempre lo están, porque la atención es de lunes a sábado, de diez de la mañana a tres de la madrugada; y el domingo, hasta la 1:00 a.m. "Acá no viene gente de tal o cual edad, vienen de todas las edades", agrega don César.

Él conoce la historia del local: la escuchó de su padre y está dispuesto a contársela a quien se lo pregunte con esa amabilidad que lo caracteriza. La conversación nace espontáneamente y los saludos le caen de todos lados como globos en carnaval, así sea un sábado en la noche o un miércoles en la mañana. Don César los recibe gustoso, igual que sus hermanos mayores, Juan y Rodolfo, que también atienden en el local, sin perder de vista lo que quieren los clientes que, en muchos casos, son auténticos amigos.

"Estás en tu casa", me dice don César. Y no es solo una frase cordial... Lo dice en serio. Es que así es Juanito: una segunda casa desde hace más de 70 años.

DÓNDE: En el 274 de la avenida Grau, justo al frente del Parque Central de Barranco.

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Fernando Romero Comentarios por Fernando Romero en noviembre 2, 2008 en 1:01pm
César,
Nos vemos en Juanito. Por favor avísame cuando traigas nuevamente al maestro Oscar Avilés.

"Rodolfo, dos chilcanos"

Saludos,
-Fernando Romero
Cesar "Mr Hollywood" Comentarios por Cesar "Mr Hollywood" en octubre 28, 2008 en 12:33pm
Juanito es un lugar muy especial cada ves que voy a Lima lo primero que hago es saludar a Juanito, sus hijos y amigos mios mi tocayo Cesar, Rodolfo y Juan pedir un sandwish de Jamon del Pais y por supuesto ordenar un Pisco de la gran variedad que tienen.
Es un lugarunico donde me encuentro con amigos de todas las epocas, ciudades y porsupuesto los bohemios y artistas mas autenticos de Lima.
Saludos a Don Juanito e Hijos y gracias por su amistad y atencion hacia mi persona y todos los peruanos.
Cesar
Hollywood California

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