Publicados por Carlos Huamán en April 4, 2008 en 3:14am

Parado sobre la acera congestionada por muchos peatones a las 8 de la noche en Lima, entre las combis y los vendedores de chicles, cigarrillos y caramelos (como dice una vieja canción de Miki González), estiro mi mano derecha sobre la pista, uno y otro Tico amarillo frena en la luz roja... ¡maestro aquí nomás hasta la altura de Venezuela y Haya de La Torre! (esa mala costumbre de decir aquí nomás), es que Lima es tan grande y pequeña a la vez, es un laberinto de mezclas entre culturas urbanas tan ricas como nuestra comida, que siempre creemos que nuestra casa queda aquí nomás.
“No voy chochera, voy por aquí nomás por la zona”, dijo uno, “15 mangos pes... si quieres ah”, dijo otro. Resignado y a punto de sucumbir en mi intento, cuando ya lo había decidido, cuando había tomado valor para subir a una combi, aparece él, un Toyota Station Vagon a gas conducido por un amable caballero, ¿cuánto pagas amigo hasta allá?, preguntó, “7 soles siempre me cobran” (otra mala costumbre de decir siempre tamaña mentira), le respondo.
A ritmo de una salsita dura vamos hasta mi destino ¿usted es del Callao varón?, interroga. Este... este, bueno vivo en Bellavista (la tercera mala costumbre, no puedo luchar contra mi arribismo y siempre respondo lo mismo), entonces somos casi vecinos, “yo soy de Gálvez, aquí por el Carrión”, me cuenta en el momento que recibo una alerta en mi Nextel I205 (no es que no pueda comprarme un modelo mejor por siacaso, simplemente no me da la gana).
“Todo tiene su final”, es la canción que suena en el interior del Taxi desde un auto-radio casette Punto Azul (de esos que venían de Tacna... si de esos), asumo que este señor todavía no conoce los discos compactos. Ya pasamos Hiraoka de La Marina y me acuerdo que no tengo sencillo (es una desgracia cambiar un billete de 100 soles a las 8:25 de la noche). “Mister, por fa pare en un grifo para cambiar sencillo”, le anuncio.
Tuve que comprar una tarjeta 147 de 10 soles aunque en ese momento no la necesitaba pero no tenia otra salida. Subo nuevamente al auto y me llaman de la casa: “amor por dónde estás, apúrate pues”, “llego en 5 minutos” (cuarta mala costumbre, siempre decimos la misma tontería).
El conductor acelera, pues es inteligente y sin pedírselo asume que tenemos que llegar rápido y sobre todo porque el Pollo a la Brasa que cargo conmigo ya está frío y si me demoro más ya no será Pollo a la Brasa sino a la Grasa. “Su mujer lo quiere bastante”... ¿cuántos años de casados? (otra pregunta) Ya cuatro años, pero no estoy casado, soy conviviente ¿y no piensa casarse? (claro que lo pienso, solo que tengo que tener un buen presupuesto para hacer un buen tono, porque sino mi suegra me va a maletear mucho más que de costumbre, pensé) Ah claro, creo que en este año la hago, le respondí.
Seguimos por La Marina y cuando vamos a cruzar la frontera entre Lima y Callao, el taxista baja la velocidad y pasa con cuidado debajo de ese absurdo medidor de velocidad de 1 kilómetro (tan absurdo como la “vía expresa” de Fauccet también de 1 kilómetro que hizo Alex Kouri). Bueno ya estamos por llegar. ¿Por dónde joven?... aquí nomás, ya estamos cerca, en la esquina doble en U y luego a la derecha, en ese edificio naranja. Ya llegamos, mi novia me pregunta ¿me trajiste hortelas rosadas? Pucha me olvidé, esas hortelas rosadas no hay en ningún sitio amor (quinta mala costumbre: mentir con respecto a las hortelas, lo que pasa es que nunca las busco porque siempre me olvido). Bueno, ¿quieren algo más? Súbanse en un taxi aquí nomás en Lima a las 8 de la noche.
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